Ojo de poeta

Tome el machete más cercano, si es necesario llame a sus vecinos y proceda a eliminarla sin que quede rastro alguno

/ Juan Carlos Franco

Vuelta a Oriente. Salir por Balsos hacia Palmas tras sortear con dificultad las lomas bajas de El Poblado. Extrañarse una vez más por la absoluta falta de mantenimiento y de cuidado de los lotes aledaños a la vía de calzada simple por la que entran y salen “medio Medellín” y casi todos sus visitantes.

Llegar a Palmas y ver con alivio que si bien nadie da mantenimiento a los costados de la vía, al menos allí en la doble calzada el sardinel central está bien cuidado. Tiene doliente. Tiene plantas. Da orgullo. Algo es algo.

Pasar el alto. Cambiar de clima, abandonar la doble calzada. Sorprenderse de nuevo por los trancones que genera el famoso restaurante que comparte espacio con la más importante glorieta de la región. Empezar a disfrutar el verde verdadero de Antioquia. Tragarse el paisaje. Admirar las fincas.

Bueno, admirar las fincas y tragarse el paisaje son figuras del lenguaje, frases que ya no aplican. Casi todo el paisaje que podría verse desde las carreteras ya está bloqueado por imponentes cercos vivos de bambú y eugenios. Y de vez en cuando, pinos y otras especies de menor difusión.

Salir de la vía principal. Entrar por cualquier vía secundaria o terciaria y constatar que ahí la situación se vuelve peor. Muchos de los dueños de fincas, gracias a esa paranoia que ya perfeccionamos los colombianos de encerrarnos herméticamente, nos quitaron la vista. Amigos, hemos perdido el derecho al paisaje.

Tragarse la indignación y ver que además de agresivos setos, pulula el ojo de poeta… enredadera verde, de bella y abundante flor con cinco pétalos de intenso amarillo-naranja y profundo negro al centro. Originaria de África y hasta hace poco no muy difundida, y que para muchos es todavía especie decorativa.

De nombre científico thumbergia Alata, le ayuda mucho su evocador nombre vulgar: ojo de poeta.

El que la conoce, el que la ha padecido, ya sabe que tras esa apariencia y ese nombre se esconde un brutal asesino. Esta planta se agarra de cualquier rama, tronco, reja, poste o de lo que sea para trepar. Va subiendo y poco a poco va desplegando su red de hojas y flores de engañosa belleza que en poco tiempo asfixia y debilita a sus vegetales víctimas, hasta matarlos. El ojo de poeta no tiene problema en cubrir grandes áreas o en elevarse a gran altura.

Y no solo en el Alto de las Palmas, en Rionegro, El Retiro o La Ceja. También en el Valle de Aburrá y en el propio Medellín es cada vez más común. Y en la propia Vía a Las Palmas en la que, como sabemos, who cares?

En fin, ahora que estamos tan metidos en temas ambientales, ahora que no se puede tocar un árbol sin múltiples permisos de las autoridades del tema y de las comunidades afectadas, qué coherente sería que alguna de ellas liderara un proyecto para acabar de una vez por todas con este falso e intruso poeta.

Así como en la Federación de Cafeteros se mantienen en campaña contra la broca o la roya, así como los cacaoteros combaten todo el tiempo la escoba de bruja o la monilia, así deberían las diferentes corporaciones regionales -o la misma Área Metropolitana- organizarse en contra del ojo de poeta.

Bueno, pero tal vez no sea necesario esperar a que la burocracia actúe. Si usted que lee este artículo tiene la planta en su casa, unidad residencial, finca o lote, no lo dude. Tome el machete más cercano, si es necesario llame a sus vecinos y proceda a eliminarla sin que quede rastro alguno. Ojalá pudiera quemarla, pero recuerde que no está permitido.

Contribuya, antes de que sea demasiado tarde, a evitar un enorme daño ecológico. Sus árboles se lo agradecerán. Y todos nosotros también.
opinion@vivirenelpoblado.com