Oda a mis amigos

Por: Rosana Arizmendi Mejía
Por: Rosana Arizmendi Mejía / director@vivirenelpoblado.com

Sé que he sido muy afortunada, y hoy quiero agradecer a todas las personas que, sin importar dónde, ni cuándo, me han hecho sentir como en casa.

Hoy, quiero hacer un homenaje a mis amigos (cuando digo “amigos”, me refiero a personas de todos los géneros, pues no uso el lenguaje neutro donde todas las palabras terminan en “e” – ejemplo: amigues). Porque sí, y porque últimamente he sido más consciente de su importancia en mi vida… He tenido unos meses difíciles, y sentir que puedo contar con ellos en momentos de crisis, ha sido un bálsamo para mis angustias.

Tengo y he tenido muchos tipos de amigos: más grandes que yo, más chiquitos, más sabios, más distintos; con pensamientos y creencias diferentes a las mías y, también, en otras ocasiones, con visiones muy similares. Unos me dicen siempre la verdad, por más cruda que esta sea; otros me han hecho ver la realidad desde otros lugares; otros, me han mostrado mis “oportunidades de mejora”; y otros tantos me han acompañado en los momentos más oscuros y/o más felices de mi vida. He aprendido muchíííííísimo de todos ellos, y hoy sé, con absoluta certeza, que soy mejor ser humano por haberlos conocido.

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Lo bonito de las amistades es que, no importa cuánto duren, siempre marcan el viaje de la vida. En mi caso, por ejemplo, no todos a quienes he considerado amigos se han quedado para siempre… Algunos fueron amigos de un par de días, en un viaje mochilero por Europa; otros, fueron amigos de varias semanas, meses o años, dependiendo el lugar del mundo y el momento de la vida en los que nos encontramos; otras (ahora sí en femenino), han sido amigas mías desde que tengo tres años y me han conocido en las buenas, en las malas y en las innombrables; y otros muchos, que quiero que se queden por mucho tiempo, han ido llegando a mi vida durante mis tránsitos por la veintena y la treintena (en pocos años, cuarentena).

Todas las anteriores modalidades de amistad me han dejado una huella -en el buen sentido-, y no importa el tiempo (sí, suena a cliché, pero es la verdad) o la distancia (unos viven en Arabia Saudí, Suecia, España, Chile o México), soy una humana más feliz, más curiosa y más consciente, en gran parte gracias a ellos.

Saber que he tenido a grandes personas a mi lado en todos los ámbitos de mi mundo, ha hecho que mi perspectiva de la vida se nutra y evolucione… Sé que he sido muy afortunada, y hoy quiero agradecer a todas las personas que, sin importar dónde, ni cuándo, me han hecho sentir como en casa. Porque los amigos hacen eso: te hacen sentir que son tu hogar.

A todos ustedes, ¡gracias!

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