Occidente occiso

 Por: José Gabriel Baena 
 
Fue el filósofo alemán Oswald Spengler (1880 /1936) quien postuló desde la seriedad de la Academia el final de la denominada “Civilización” nuestra –la que viene desde la muerte de Cristo hasta el presente, en su complejo ensayo justamente titulado “La decadencia de Occidente. Bosquejo de una morfología de la historia universal”, una postura que por el lado de las ciencias esotéricas coincide a plenitud con las teorías cósmicas antiguas de que el planeta se mueve en largos ciclos que duran entre 2 mil y 2 mil 500 años. Estas Eras, que hasta hace medio siglo eran de manejo exclusivo de filósofos y charlatanes ocultistas y hacedores de horóscopos, ya son en nuestros días pan comido y hasta rancio desde que, con el advenimiento de la Edad Atómica empezaron a proliferar las doctrinas de la Nueva Era, el final de la era de Piscis –o sea, la del signo de Cristo, que había sucedido a Sagitario, y que ya se nos venía encima la Era de Acuario o de una especie de Nueva Sabiduría tal como se viene cantando desde los olvidados días “hippies” de los sesentas. Y coincide todo esto en plena forma con las profecías Mayas que anuncian el final de estos tiempos para dentro de menos de dos años, cuando todo se volverá patas arriba, el clima, las creencias, los poderes: un tiempo de grandes guerras entre Oriente y Occidente, exterminios y “limpieza” y el principio de los días acuarianos sobre los que regirá la nueva sabiduría venida de las estrellas. El derrumbe de las “Dos Torres” en NY parece haber sido el anuncio del fin, y la paranoia mundial por el calentamiento del planeta son evidencias que se suman, para no ir muy lejos, a los catastróficos desastres climáticos que se suceden día a día sin que los científicos esgriman razones. La muerte de la era de Piscis y su transición a Acuario es algo que sucede a ojos vistas mientras los humanos prosiguen en rumba y bailoteo diario y todos los horrores se olvidan en un instante.
Según los ya mencionados Mayas y sus interpretaciones, después de todos los desastres de la transición Acuario será una especie de nueva Era Arturiana, caballeresca y mística, con un nuevo Dios reinando en vivo entre nosotros. Las apabullantes profecías de Nostradamus no van más allá de la muerte del último Papa y la destrucción del mundo cristiano, pero la fuente más perfecta de detalles sigue siendo la Revelación de San Juan, que hoy puede leerse con la claridad y transparencia de una gota de agua recién llovida sobre una verde hoja. En el Apocalipsis puede verse cómo la famosa Bestia a quien siempre hemos tomado como el Demonio no es otra cosa que Internet o la Red Mundial en la que todos estamos aprisionados como insectos. Resumiendo: “El Dragón le dio su poder y su trono y grande autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra, a los que engaña con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase. Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. ¡Cayeron las Dos Torres! Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio! Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas. ¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada! Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti, pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones”.
Según las farragosas filosofías de Kant y Hegel, “todo sistema lleva en sí el germen de su propia aniquilación”. ¡Anillo al dedo! Entre otras cosas, lectores, Occidente significa precisamente esto: del latín “Occidens – occidere”: caer. La Civilización que se nombró a sí misma como el Imperio de Occidente llevaba la muerte en su nombre, y se vió a sí misma derrumbada y en cenizas, a la vista de todos los humanos, en directo por la Tele. ¿Alguna pregunta, incrédulos? Y ésto no es más que el comienzo.

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