Obras del Museo Ed.373 / Rebeca

   
Las obras del Museo de Antioquia… una visita guiada
 
  Rebeca (Ed. 372)
Más que en el asunto místico, Cano parece estar interesado
en ilustrar una escena de costumbres
 
 
Por: Carlos Arturo Fernández U., miembro del Grupo de Investigación en Teoría e Historia del Arte en Colombia, de la Universidad de Antioquia. Profesor de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia.
 
“Rebeca” es una pintura al óleo, de 147 por 99 centímetros, realizada por Francisco Antonio Cano en 1910. En el Museo de Antioquia, la obra está exhibida junto a un dibujo preparatorio a lápiz sobre papel, que presenta ya el esquema casi exacto de la obra terminada. Cano (Yarumal 1865 – Bogotá 1935), a quien con frecuencia se considera como el padre del arte antioqueño, es un artista polifacético, interesado por todos los temas y con una gran amplitud de gusto al momento de determinar el estilo y la forma de sus obras.
En este caso, el tema de la pintura procede de una historia bíblica. Tal como lo describe el capítulo 24 del libro del Génesis, Abraham, ya anciano, manda a su siervo que vaya a la tierra de su familia a buscar una esposa para su hijo Isaac. Al llegar a la ciudad del hermano de su amo, el siervo, a quien la tradición da el nombre de Eliezer, se sienta junto al pozo y, hablando para sí mismo, le pide a Dios una señal que le permita identificar a la mujer que será la esposa de Isaac. La pintura representa el momento en el cual aparece Rebeca que va a sacar agua y entabla una conversación con el recién llegado, en el curso de la cual Dios cumple con la señal pedida.
Aunque esta leyenda ha sido utilizada muchas veces en la historia de la pintura, en el cuadro de Cano llama la atención la manera directa como él la maneja. Se trata, evidentemente, de un tema bíblico, de un momento cargado de trascendencia religiosa porque corresponde a una concreta manifestación de la voluntad divina. Sin embargo, más que en el asunto místico, Cano parece estar interesado en ilustrar una escena de costumbres, sin aquellas luces y efectos especiales que la pintura tradicional asignó al arte religioso y que el mismo Cano utiliza en otras ocasiones.
De todas formas, Cano se aproxima a la escena con su bagaje de pintor académico, y por eso las figuras se visten y se mueven dentro de esquemas clásicos. Pero busca imaginar el ambiente con su luminosidad concreta y, en ese sentido, llama la atención la tonalidad clarísima de todo el cuadro, que es casi un juego de blancos entre luces y sombras, en estrecha relación con un esquema de dibujo.
El artista sabe que es muy difícil que esta “Rebeca” nos conmueva en un plano religioso, entre otras cosas porque a él no le interesa ese aspecto ni tampoco lo busca. En cambio, aquí aparece el pintor moderno que es Francisco Antonio Cano, que ha dejado atrás las simples justificaciones temáticas y, ávido conocedor del arte de su propio tiempo –sobre todo de la vertiente modernista de fines del siglo 19–, se entrega al análisis de formas y colores como un medio para aproximarse a la realidad.