Obras del Museo Ed.361 / Medellín

   
Las obras del Museo de Antioquia… una visita guiada
 
  Medellín (Ed. 361)
Textos de Carlos Arturo Fernández, profesor de Artes de la Universidad de Antioquia y miembro del Consejo de Curaduría del Museo de Antioquia, para Vivir en El Poblado.
Es evidente que el afiche que puede exhibir el Museo, no es la obra de Adolfo Bernal sino solo su recuerdo y testimonio
 
Desde el comienzo de su actividad artística, a mediados de los años 70, Adolfo Bernal (Medellín 1954 – 2008) desarrolla su trabajo en el espacio que existe por fuera de los límites tradicionales del arte. Más que interesarse por los soportes habituales de la obra, se pregunta por el espacio urbano y por sus implicaciones en los problemas del arte.
Los medios privilegiados por él son los afiches pegados en los muros de la ciudad o los volantes lanzados desde aeroplanos, impresos en letras de molde, usando juegos de palabras o con vocablos directos. Por eso, la obra de Adolfo Bernal no está pensada para los museos y galerías sino destinada al espacio público donde, casi silenciosamente, aparece de repente como una llamada de atención que podría hacer pensar al transeúnte, incluso sin que este tenga conciencia de que se encuentra frente a una intervención artística.
En 2007, con ocasión del Encuentro de Arte Contemporáneo de Medellín, Adolfo Bernal reeditó muchas de sus obras de los 30 años anteriores. Medellín es una impresión tipográfica sobre papel periódico, de 100 por 36 centímetros, que ubicó en series en los espacios destinados para pegar carteles en la ciudad. Ya en 1981 había desarrollado esta intervención en la IV Bienal de Arte de Medellín. Por supuesto, se trata de un gesto extremadamente simple, pero cargado de sentido y de problemas estéticos y conceptuales.
Ante todo, es evidente que el afiche que ahora tenemos y que puede exhibir el Museo, no es la obra de Adolfo Bernal sino solo su recuerdo y testimonio. La obra se producía en la calle, con la “atención distraída” ofrecida por el transeúnte que leía, quizá sin darse cuenta, la serie de palabras, y quizá pensaba algo. Lo que se siguiera de allí escapa al control y, en realidad, al interés del artista que no fuerza ninguna discusión ni impone un punto de vista. Pero aquellos carteles y volantes no encajan dentro de la lógica cotidiana y, por tanto, son potenciales fuentes de reflexión, entendida en sentido genérico.
Adolfo Bernal no pretende ser hermético ni ocultar las pistas de su actividad estética. Quien se aproxima a sus afiches con un mínimo de curiosidad encuentra siempre la referencia al evento con el cual se vinculaba. Por tanto, de manera implícita pero directa, el artista nos indica que la inquietud despertada en nosotros es, en el fondo, la resonancia lograda por su creación estética, la armonía elemental entre nuestra sensibilidad y la suya.
Medellín, como todas las obras de Adolfo Bernal, existe a partir de la conciencia de su fugacidad. Al cabo de pocos minutos o, a lo más, de algunas horas, estos afiches eran cubiertos por la marea de avisos publicitarios que inunda la ciudad actual. Pero la obra sigue existiendo en el pensamiento de quienes, de manera casual, fueron tocados por ella.
Este Medellín de Adolfo Bernal es una especie de detonante que nos hace comprender que la ciudad es, sobre todo, una idea, un imaginario colectivo, una manera de pensar de la que es indispensable ser conscientes e, incluso, éticamente responsables.
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El pasado 10 de febrero de 2008 falleció Adolfo Bernal, figura clave en el arte contemporáneo en Colombia, como lo planteó el Museo de Antioquia, que hizo de él uno de los núcleos del Encuentro de Medellín 2007. Esta página se escribe bajo el impacto de su muerte, como testimonio de cariño, de respeto y de admiración sincera.