Obras del Museo Ed.357/ Flautista

   
Las obras del Museo de Antioquia… una visita guiada
 
  Flautista (Ed. 357)
Textos de Carlos Arturo Fernández, profesor de Artes de la Universidad de Antioquia y miembro del Consejo de Curaduría del Museo de Antioquia, para Vivir en El Poblado.
Manzur recrea el espacio y el tiempo en la mirada sucesiva pero a la vez simultánea de un único personaje que se desplaza ante nosotros
 

Es imposible identificar de manera general el estilo de David Manzur (Neira, Caldas, 1929), uno de los artistas más reconocidos a lo largo del último medio siglo en Colombia. Frente a sus primeros trabajos, en los años cincuenta, los críticos anotaban que parecía que vivieran en él varias almas diferentes. Hoy sabemos que no era un caso aislado.
En contra de la idea tradicional, que ataba la obra de un artista a un estilo único, original, distinto al de los demás y permanente, al menos hasta cierto punto, el arte del siglo 20 propuso un ritmo de cambio constante, a partir de la conciencia de que la realidad es inagotable, al igual que la creación artística, y que ofrece la posibilidad de infinitos puntos de vista alternativos. Por lo mismo, se impone la necesidad de contemplar la obra concreta como parte de procesos de experimentación, nunca definidos por principios generales.
Flautista, una pintura al óleo de 40 por 100 centímetros, realizada por David Manzur en 1958, muy diferente a las obras de realismo minucioso que presenta en las últimas décadas, ofrece una de las facetas más ricas del artista, en relación con las primeras vanguardias del siglo 20. Ya en su tiempo se ubicaba en una posición intermedia: no es una obra académica tradicional pero tampoco se lanza a la plena experimentación abstracta que en la década de los cincuenta era el gran reto para los artistas más avanzados. Manzur opta por un camino que en esos años parecía mucho más seguro, con una influencia tardía de Picasso y de los artistas de la llamada Escuela de París, que se mueven entre el Cubismo y el Expresionismo
Por eso, en su Flautista Manzur elige un proceso semiabstracto, de geometrización de la realidad, con figuras claramente reconocibles. A pesar de su modernidad, esa posición intermedia entre figuración y abstracción, que fue asumida por muchos artistas colombianos a mediados del siglo pasado, va a ser rebasada por los desarrollos posteriores; pero ello no significa que puedan desconocerse los valores de una obra como ésta.
En su pintura, Manzur recrea el espacio y el tiempo en la mirada sucesiva pero a la vez simultánea de un único personaje que se desplaza ante nosotros. Se crea de esta manera un intenso sentido musical que hace coherentes la forma y el contenido de la obra.
El Flautista, de David Manzur, no se limita a un juego semiabstracto sino que apunta en otra dirección: aquí se descubre de manera clara que, en el fondo, la disputa entre figuración y abstracción no lleva a ninguna parte sino que lo fundamental es la carga poética de la creación artística. Y en su búsqueda, el artista es profundamente libre para elegir cualquier camino.