Obras del Museo Ed.299/Bodegón

    En 1947, Eladio Vélez pintó al óleo sobre lienzo este Bodegón de 63 por 72 centímetros, conocido también a veces como El mantel de cuadros. Después de casi dos décadas de discusiones estéticas con su antiguo compañero Pedro Nel Gómez, acerca de los valores, las formas, las posibilidades y la función social del arte, el pintor, quien había nacido en 1897, lograba en esta obra una de las realizaciones más claras y a la vez más complejas de todo su ciclo creativo.

    El Bodegón de Eladio Vélez nos revela el profundo interés del artista, no solo por la observación minuciosa de la realidad sino, sobre todo, por la manera como se establecen las relaciones entre el hombre y el mundo de los objetos que lo rodean. En efecto, en esta obra puede descubrirse mucho más que una bella pintura bien hecha.

    Por una parte, es posible detenerse en la atención con la cual observa cada uno de los detalles, en sí mismos intrascendentes y elementales: las frutas, las vasijas, las botellas, el libro y el mantel; nada parece muy importante. Pero Eladio Vélez logra hacernos mirar de nuevo y nos revela un universo íntimo y doméstico que no es folclórico ni cerrado, y que tiene la trascendencia indiscutible de la vida real.

    Por otra parte, sin embargo, debemos considerar que esa significación de lo cotidiano no es un producto de las palabras sino el resultado del análisis que el artista desarrolla acerca de las relaciones entre hombre y realidad y de la manera como nos las plantea en su pintura. De hecho, una mirada atenta nos permite descubrir que los objetos han sido transformados por el artista; por ejemplo, todas las frutas son excepcionalmente esféricas, al tiempo que el color se plantea en unos contrastes extremos de rojos y verdes que van más allá de lo ordinario. Pero, además, Eladio Vélez crea un punto de vista que nos obliga a involucrarnos directamente con el bodegón y, en virtud del juego del mantel, nos limita a su propio espacio.

    En otras palabras, Eladio Vélez, quien ha descubierto estas lecciones en la pintura de Paul Cézanne, sabe que no es posible entender separadamente al hombre como sujeto y a la realidad exterior como objeto, sino que existimos en su implicación mutua. Pero, además, en esa conciencia de equilibrio entre el hombre y el mundo exterior radica la seguridad de lo que identificamos como clásico.

    Por eso, en la misma línea de Cézanne, el Bodegón de Eladio Vélez puede ser intensamente vivo, casi impresionista y fugaz, pero a la vez permanente e inmutable. Aquí está su visión del arte, en medio de las duras discusiones estéticas de su tiempo.