Obras del Museo Ed.287/El pensamiento

    Parece algo natural que, cuando nos encontramos frente a una obra de arte, pensemos de inmediato qué nos quiere decir el artista que la ha creado. Es una pregunta que se relaciona con el hecho de que, al menos desde el Renacimiento, entendemos que el arte es un proceso de comunicación en el cual el artista es el emisor, nosotros los receptores y la obra el medio de relación entre ambos.

    Pero también es evidente que lo que el artista quiere comunicar no se descubre solo con la identificación de lo que aparece representado. Es decir, observar las figuras como algo correspondiente a algo de la vida cotidiana, no nos entrega de manera directa los conceptos del artista que, por lo general, nos invita a una reflexión.

    El pensamiento es una escultura en bronce de Fernando Botero, de 1992, que forma parte del conjunto donado a la ciudad en 2000 y que se encuentra en los alrededores del Museo de Antioquia. Y aquí, por supuesto, es muy fácil identificar las figuras que aparecen: una de sus grandes mujeres esféricas y desnudas, que está parada, como si fuera un pedestal, sobre una cabeza masculina, igualmente esférica, proporcionalmente mayor que la mujer. Pero, de inmediato, comprendemos que lo que vemos es tan absurdo que no es possible que el sentido de la obra se limite a ese nivel. El pensamiento no puede ser solo una mujer en equilibrio sobre una cabeza.

    A veces se discute el valor de los títulos en el arte, afirmando que las obras se limitan a los elementos materiales. Pero Botero da títulos a sus trabajos y, en el más sano sentido común, con ello quiere darnos pistas para una mejor experiencia estética. Por eso es natural que preguntemos por qué esta obra se llama El pensamiento.

    Podría ser, quizá, una afirmación de que el pensamiento femenino es superior al del hombre; o la mujer como presencia constante en el pensamiento masculino; o, incluso una referencia a la historia del arte que, durante mucho tiempo, centró su pensamiento en la figura femenina. Sin embargo, hay otra posibilidad: esta escultura, y toda obra de arte, es, ante todo, “pensar un pensamiento”, un concepto, una idea.

    Las respuestas quedan abiertas. Pero no es falla del artista, ni del observador, ni de la obra. Por el contrario, es el reconocimiento de que el arte es una creación a través de la cual los hombres manifiestan la riqueza inconmensurable de su mundo y de su vida, y que toda la historia es el esfuerzo por comprendernos un poco mejor.