Obras del Museo Ed.285/Rafael Núñez

    En 1897, Francisco Antonio Cano, quien había nacido en Yarumal en 1865 y desde 1884 se encontraba radicado en Medellín, pudo finalmente cumplir una de sus mayores aspiraciones y viajar a Bogotá, donde quería entrar en contacto con los pintores Epifanio Garay y Ricardo Acevedo Bernal, reconocidos entonces como los mayores exponentes del arte nacional. El viaje de Cano estaba justificado, además, por un encargo que había recibido de la Gobernación de Antioquia para pintar los retratos de los expresidentes Rafael Núñez y Carlos Holguín.

    El Rafael Núñez de Cano es una pintura al óleo sobre lienzo, de 250 por 152 centímetros, que representa al Regenerador de la República y cuatro veces presidente en su estudio, con su atuendo más característico, en una actitud similar a la que más tarde Cano utilizará para la escultura del mismo Núñez en el Capitolio Nacional.

    Uno puede sentirse inclinado a considerar el Rafael Núñez de Cano como si fuera solamente un retrato académico, con una aproximación muy lograda a la psicología y carácter del personaje, bien conocido en su tiempo. Y en este sentido se nos revelan algunos de los más interesantes valores de Cano como retratista.

    Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que el cuadro fue efectivamente pintado tres años después de la muerte de Núñez percibimos de inmediato que aquí nos encontramos frente a unos propósitos diferentes. De lo que se trata no es tanto del hombre concreto que, como es evidente, Cano no pudo pintar de manera directa, sino de los ideales políticos que encarnaba, y que quienes encargaron la obra querían mantener presentes. Eso explica también que la imagen se revista de una solemnidad casi teatral que la ubica más allá de los avatares de la vida cotidiana; en efecto, el personaje no nos mira ni parece estar realizando ninguna actividad específica. Sencillamente, es él mismo, con todo su peso ideológico.

    Pero es fundamental comprender que lo anterior no cuestiona la calidad artística de la pintura sino que nos permite descubrir la complejidad de los problemas del arte y sus implicaciones sociales y políticas. A lo largo de la historia los artistas no solo han creado obras bellas sino que, a través de sus creaciones, han manifestado los valores de su propio tiempo; en ese sentido, la obra de arte es también un documento de primera mano que revela los más intensos conflictos ideológicos.