Obras del Museo Ed.231/El cafetal

Cuando el Museo de Antioquia se trasladó a su nueva sede, decidió organizar la colección de arte desde un punto de vista histórico, lo que permite al visitante establecer relaciones más claras entre los diferentes artistas e, inclusive, entre el arte regional y el de otras zonas del país.

Es lo que ocurre, por ejemplo, frente a la pintura El cafetal, un óleo sobre lienzo de 44 cm de alto por 59 cm de ancho, obra de Jesús María Zamora, pintor nacido en Boyacá en 1875, pero quien estuvo toda su vida vinculado con el arte que se desarrollaba en Bogotá, hasta su muerte en 1949.

Conviene tener en cuenta que a finales del siglo XIX la mayoría de los artistas colombianos se dedicaban a la pintura más tradicional, centrada en retratos o en escenas tomadas de la historia sagrada, temas que implicaban casi siempre una alta dosis de idealización. Solo unos pocos, entre los cuales Francisco Antonio Cano será pionero, comenzaban a interesarse por la pintura de paisajes.

El cafetal de Jesús María Zamora es un buen ejemplo de la revolución que en esa época desarrollan los paisajistas en el arte colombiano. Se trata de una obra que refleja la llegada del Impresionismo, movimiento que constituyó la gran revelación de los jóvenes artistas en la Exposición Nacional de 1899, después de generaciones en las cuales había predominado la pintura académica.

Zamora crea ante todo un ambiente, con base en pequeños toques de color, sin que podamos encontrar una representación detallada y precisa; en efecto, el interés se dirige al espacio sereno, creado por el color y por los contrastes de luces: una atmósfera que se difunde suavemente, desde la relación de verdes de las plantas de café en la parte inferior de la pintura hacia los azules del fondo, contra los cuales se recortan las manchas rosadas de los árboles florecidos. Sin embargo, es evidente que aquí no hay descripción ni detalles, y que sólo por efecto del hábito sabemos que aquellos son cafetos y éstos guayacanes en flor.

Pero, quizá más importante que la presencia de la pincelada impresionista o la búsqueda de colores puros, lo que hace patente El cafetal de Zamora es el novedoso interés por mirar nuestro propio mundo. Así, esta nueva pintura de paisaje, a fines del XIX abre las puertas a un arte nacional mucho más auténtico y vivo.