Nuestro querido José María Córdova

Nuestro querido José María Córdova
Me preocupa profundamente lo que allí ocurre

/ Francisco Ochoa

Medellín busca, con intenso esfuerzo, ser innovadora y líder no solo en Colombia y América Latina sino en el mundo. Las administraciones municipales le apuntan a este objetivo y trabajan con afán para mejorar la imagen y realizar cambios que se sientan y nos conviertan en una ciudad atractiva para eventos, turismo, producciones de cine y desarrollos tecnológicos, entre otros. Aplausos por las tareas tan eficientemente desarrolladas, pues es innegable el avance de Medellín en este sentido.

Pero vale la pena tocar un tema preocupante, como es el de nuestra puerta de entrada: el aeropuerto José María Córdova. Por ser la primera imagen que toma un visitante, me intranquiliza profundamente lo que allí ocurre.

En diciembre pasado, como usuario común y corriente de este terminal aéreo, fui testigo de las siguientes situaciones:
1. El número de taquillas de atención de la policía de inmigración es insuficiente en horas pico. Al final de la tarde llegan de manera casi simultánea tres o cuatro vuelos internacionales, a los cuales se atiende con cuatro o cinco taquillas. Por supuesto que la fila dura más de una hora; además, con un sistema de llamado digno de un pueblo del siglo 19. De verdad que da pena ajena.

2. En las bandas para recoger los equipajes se prohíbe el ingreso de los denominados maleteros, medida que respetamos. Se debe tomar por cuenta propia un carrito para llevar las maletas hasta la puerta de salida de la sala de equipajes, pues no se permite sacarlo de esta área.
Présteme su atención: el carrito se debe alquilar (en la mayoría de aeropuertos del mundo es gratuito) por 6.000 pesos o su equivalente en dólares (3.50), para un uso que no alcanza los cien metros. Además, con el respeto de los explotadores de la concesión del JMC, no hay ningún aviso que anuncie este servicio ni su tarifa y los usuarios quedamos en manos de la buena fe del “Mono” que los arrienda. Es este un cobro injustificado, excesivo, innecesario y molesto.

3. Una vez afuera las maletas, intente llevarlas al parqueadero del aeropuerto. Ármese de valor y de fuerza para cargarlas al hombro, ya que no existe ninguna ayuda mecánica para subirlas. Solo hay unos pequeños ascensores en los puntos fijos de las plataformas de entrada y salida, los cuales, como norma general, están fuera de servicio. Gracias a Dios conservamos el servicio de los abnegados y serviciales maleteros, sin cuya ayuda abundarían las hernias. Es increíble que un terminal aéreo de esta categoría no tenga ascensores, escaleras eléctricas ni ayuda alguna para facilitar la movilidad entre los diferentes niveles con comodidad para el usuario.

4. Finalmente, guarde un poco de paciencia para que haga la fila de 20 vehículos o más para pagar el servicio de estacionamiento. Resulta increíble que en plena temporada y a pesar de la feroz competencia, el parqueadero del JMC continúe operando solamente con una taquilla para recibir el pago del servicio, lo cual ayuda, por supuesto, a cerrar con doloroso broche de oro este periplo que deben recorrer los visitantes de nuestra ciudad cuando aterrizan en el JMC.
No obstante lo anterior, bienvenidos a Medellín, ciudad innovadora y líder.
opinion@vivirenelpoblado.com