El ingrediente olvidado

Por / Jean Edouard Tromme
Por / Jean Edouard Tromme / Manchamanteles

Qué rápido hemos transformado los hábitos vinculados a la cocina: reemplazamos el tiempo por cubos de caldo o el placer de preparar ingredientes en familia o entre amigos por domicilios.

Hace unos días leía un artículo que postulaba que la tecnología era responsable de la aceleración del mundo. Y es verdad que nuestra cotidianidad contemporánea se basa en su dinamismo y que no tiene otro objetivo que poner en movimiento el mundo material, social e ideal.

Desde mi punto de vista, para entender la aceleración del mundo, uno debe entender lo que significa la lentitud. Algo que ahora es un lujo: un estado en el que uno tiene tiempo suficiente para hacer todo lo que debe y aun así, queda tiempo después de haber realizado todo. El estado de lentitud es cuando todavía tenemos tiempo disponible.

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La riqueza temporal no es ni aburrimiento ni desaceleración restringida, es sobre todo un elemento de autonomía. Pero vuelvo al dicho popular: el tiempo es oro y no lo valoramos en su justo costo.

Si el tiempo es oro, la cocina se erige como un bastión (olvidado) y puede permitir extender no solo la capacidad de socializar sino de la percepción del uso positivo del tiempo.

Observemos que rápido hemos transformado los hábitos vinculados a la cocina: reemplazamos el tiempo por cubos de caldo, el placer de preparar ingredientes en familia o entre amigos por domicilios, abandonamos la sobremesa tan característica de nuestra cultura gastronómica.

Aquí van unas propuestas decentes para recuperar el ascendente sobre el tiempo y su vorágine, todo gracias a la cocina:

  • Tomemos el tiempo para ir al mercado, para hacer nuestras compras siendo conscientes de lo que compramos, para elegir los ingredientes porque están perfectamente maduros o estos otros porque nos gustan (y no porque están en la lista). Seamos curiosos y descubramos nuevos sabores.
  • Démonos tiempo para hacer una cosa a la vez: no hay necesidad de supervisar la tarea de los niños al mismo tiempo que llamamos a un hermano mientras cocinamos las papas, o que miramos la tele. La Tierra no dejará de girar.
  • Tengamos en cuenta que el tiempo dedicado a cocinar no es pérdida sino el tiempo dedicado a comer bien, para complacer a la familia, amigos y a sí mismo.
  • Tomemos el tiempo para preparar alimentos como familia o como pandilla de amigos. Es lento, pero no aburrido, al final permite una conversación cara a cara, no a través de la tecnología.
  • Tomemos un tiempo para preparar algo que nos haga felices: galletas, una ensalada de frutas, una pasta, un crumble …
  • No intentemos hacerlo más rápido que la música. Dejemos que los platos hiervan a fuego lento a su ritmo, practiquemos una cocina suave.
  • Y finalmente, tomemos el tiempo para comer. No pongamos la televisión y conversemos. No nos traguemos la comida viendo Facebook o Instagram. No: prestemos atención a lo que comemos a los sabores acumulados gracias al tiempo, el ingrediente olvidado.

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