November, remember

 Por: José Gabriel Baena 
 
Según la psicología simbólica, desde Jüng y algunos de sus discípulos notables, cada humano en esta tierra, sin excepciones, ricos y pobres, pasa o atraviesa su vida en una serie de “estadios” del espíritu, hacia la purificación y condensación en el Cosmos, travesías o etapas que se reflejan en las leyendas de multitud de culturas milenarias, en los cuentos y poemas de sus “héroes”. Si bien en estos últimos la suposición se cumple con caracteres magníficos y fantásticos, monstruos que deben aniquilados, anillos de poder, espadas mágicas, viajes y aventuras sin par, doncellas que deben ser rescatadas de torres inexpugnables, el estudioso jüngiano Joseph Campbell afirma que la vida de cada hombre común es el espejo multiplicado una y otra vez del llamado “mito del héroe” o “el héroe de las diez mil caras”. Más aún, los desprevenidos vivientes no sólo somos protagonistas del mito a lo largo de la vida sino que cada año sobre la tierra –aquí la astrología entra a mezclarse, a Jüng le fascinaba el Tarot- vivimos todas las etapas del héroe en pequeño, cada año nacemos, perecemos o triunfamos en la empresa cotidiana según la orden de las estrellas, aunque ya hace mucho tiempo que no las consultamos, en la ciudad el cielo no se ve. Y el ciclo se repite en tu vida casi cada siete años en un eterno recomenzar y, como dice el sabio pueblo, “cada día es una batalla, una mortificación”. En la literatura de nuestro tiempo el mito mejor construído alrededor de esto se encuentra en ese enorme libro de “El Señor de los Anillos”, donde el protagonista, el pequeño Frodo, es un símil de los grandes héroes de la antigüedad. La película, con lo extensa, no presenta nada de la grandeza simbólica de la obra, todo es grandes exteriores, efectos, combates, y la poética de Tolkien el autor, especialmente cantada por los Elfos, ha sido eliminada porque todavía el cine no puede con ella ni podrá jamás: es intocable el espíritu profundo del Mito que reinaba en los bosques antiguos, hace milenios.
El camino del héroe se divide en muchas partes, en resumen: la salida de casa, muy joven, porque le han planteado una aventura, el temor y conocimiento de los misterios y desafíos, casi siempre hay un gran consejero o guía, la doncella, el amor, la lucha a muerte, resurrección y regreso. Pero ningún héroe se encuentra a gusto de nuevo en casa, casado y con hijos, y debe salir a buscar la aventura riesgosa que lo espera. Según Jüng todo esto pertenece a los arquetipos o figuras inmutables del inconsciente colectivo que ya escasamente se presentan en los sueños desde la Edad de la Razón, algunos intérpretes apuntan a la búsqueda actual en las visiones chamánicas inducidas por drogas como el yagé, y al impenetrable mundo interior de la esquizofrenia. Como se sabe, en Occidente fue Cervantes quien acabó con las historias delirantes de los caballeros de antaño (1605), Don Quijote fue tildado de “demente” y su biblioteca incendiada, luego Descartes en su filosofía dio el golpe de gracia a la imaginación simbólica con su discurso del “Método” (1637). El penúltimo gran intento de la liberación de los arquetipos lo hicieron los famosos filólogos “Hermanos Grimm” en la primera mitad del siglo 19, pero sus famosos cuentos y leyendas recogidos de la memoria popular eran tan crueles, sanguinarios y sexualmente explícitos, la presencia del Mal era tan sobrecogedora, que la censura posterior los redujo al nivel de la tontería Disneyland.
No suele en esta columna hablarse poco o casi nada de la pequeña vida de cada personaje que la escribe, siempre el autor es otro, cambiante como las fases de la luna, pero en el caso de ésta su autor ha descubierto que su transcurrir vital simbólico –aunque nació en la fecha mítica del 25 de diciembre- se cumple cabalmente entre septiembre y septiembre, no es del caso contar mi cuento. La vida del cronista deriva a la letra como el “barco ebrio” de Rimbaud, como en algunas rimas de los viejos marineros británicos, citados en un poema de Malcolm Lowry, en inglés: “June, too soon. July, passes by… August, you must. September, remember…. October, move over; November, remember”, En junio, es demasiado pronto; julio, pasa a tu lado; en agosto, deberás… En septiembre, recuerda… En octubre, muévete; en noviembre, recuerda…” Pero invito a los lectores a mirar su existencia cumplida a la luz del camino del héroe jüngiano y, dondequiera que se encuentren en su recorrido mítico, con seguridad encontrarán allí una antorcha que los guíe en el siempre infaltable laberinto.

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