Notas sobre ¡Otra vez! La novela

 
 
   
 La narración de Dositeo se repite. La cotidianidad también se repite, pero de manera distinta cada vez. O quizá, la vemos desde un ángulo diferente. En “¡Otra vez!” el narrador cuenta lo que sucede el día especial de su cumpleaños, cada cuatro años. En cada celebración la mirada es distinta y agrega detalles que en las celebraciones anteriores no ha tenido en cuenta, o por desconocimiento ha descuidado.

El momento de la novela, permite deducir que el narrador es un hombre mayor, que ha pasado otras veces por la misma celebración y cuenta unos hechos: los suyos y los de su familia, desde su mirada de adulto, con la sorpresa de quien descubre, al mismo tiempo que el lector, la trama que desarrolló su vida y llega, incluso, a encontrar la justificación, o la respuesta, a una duda que lo marcó desde los primeros días: la desaparición, algunos la llaman partida de Antonio y Julia, sus padres.

Dositeo sólo reporta hechos para que el lector avance con él en sus descubrimientos, por eso de él sólo percibimos su mirada, a veces sin cuerpo y su actitud sin partido. Parece tener ojos en todas partes, estar en todas partes y al corriente de todo sin salir de su habitación

A las 00:36 Dositeo dice: “Este recorrido lo hago una vez cada cuatro años. Es el arqueo necesario para confirmar que todo está en su lugar y nada falta, ni siquiera la duda. En ocasiones es un tormento. La incertidumbre sobre lo que se hizo o se dejó de hacer aparece. Las palabras que se pronuncian pero significan lo contrario, el peso de los actos a medio camino o equivocados, me agobia aún después del aniversario. Otros años, el día es placentero, todo fluye y en las primeras horas, como en este momento, no aparece sombra de duda, vuelvo al sueño y despierto a las seis cuando Zoila toca la campana para el desayuno, con huevo, como corresponde el día del cumpleaños. Sin embargo, siempre paso un día de perros, por la falta de tiempo y con la angustia de algo que no encuentro. Es el problema de los veintenuevinos, o por lo menos el mío para ser más exactos. La duda continua, de todo, a partir de todo y sobre todo. Porque eso de estar hurgando por aquí y por allá es cosa de locos. Como decía Ramplonés, el médico de la familia que desapareció el mismo día de mis padres, el que busca encuentra…”

En este tono, Dositeo lleva al lector por los recovecos de su día y le permite, al mismo tiempo que él lo hace, descubrir los alcances desconocidos de su propia celebración.

© Saúl Álvarez Lara. 007.