Noche de viernes en El Poblado

   
  
   
 Vivir en El Poblado participó de una noche de patrullaje con los agentes de la Estación de Policía de El Poblado, advertido de que con la situación de inseguridad que vive Medellín, para realizar un recorrido o pasar la noche en una patrulla de policía, hay que ser consciente de que la delincuencia es impredecible y cualquier cosa puede pasar. Esto fue lo que pasó:
Saliendo a las 11 de la noche de la Estación de Policía El Poblado, el Teniente Vásquez y Jefe de patrullas advierte que los principales casos de desorden son por el consumo de licor, el cierre de los establecimientos y las quejas ciudadanas por el ruido.

Esperando y esperando
El Parque de El Poblado y el Parque Lleras son los sitios más aglomeración de jóvenes, consumo de licor y un ruido general proveniente de varios establecimientos, que no permite establecer de cuál de todos viene la música, es lo más común mientras la noche prosigue y centenares de personas esperan divertirse o buscar tal vez eso que no encuentran durante la semana: amor, compañía, sentirse importantes o pertenecientes a algo.
Pasada la media noche, con el sonido de reggaeton en la misma patrulla, y con un recorrido que ya comenzaba a ser monótono, el paso por Las Palmas y los miradores no ofreció nada diferente, sólo el comentario del agente conductor que afirmó que los jueves se estaban desarrollando carreras en moto y bicicleta desde el Alto de Las Palmas, y que ya habían ocurrido varios accidentes de consideración.
Llegando a La Aguacatala, la patrulla es reportada de un caso familiar en una vivienda de Manila. En menos de dos minutos llegamos a la dirección, tomando la Avenida Las Vegas a gran velocidad, con las sirenas activas y esta vez sin reggaeton. El Teniente ingresa al apartamento y nota que se trata de un borracho, cuya mujer se encierra en su alcoba y rompe la chapa de la puerta con un martillo porque no podía abrir. “Ya están tranquilos, no era de gravedad”, dijo el Teniente.

Poblado de contrastes
Se puede decir que lo más vertiginoso de la noche fue aquel incidente en una casa de Manila, el resto de minutos suponía esperar a que los establecimientos nocturnos de Barrio Colombia y Parque Lleras entre otros, cerraran.
Así, pasadas las 3 de la mañana, mientras transitábamos por barrios residenciales como Patio Bonito, Manila y por las transversales, zonas que a esa hora no mostraban ninguna señal de vida y que parecía que sus habitantes durmieran plácidamente, el Lleras y el Parque de El Poblado continuaban con gran cantidad de personas, muchas con más nivel de licor en sus cuerpos.
Poco a poco fueron desocupando los establecimientos públicos, y la noche con la policía terminaba con la sensación de que había sido una noche tranquila, pero que era algo común y rutinario para ellos, algunos borrachos y exceso de ruido, salvo casos extraordinarios, es decir, de los que rara vez ocurren.