No podemos volver al pasado

 Por: Juan Carlos Velez 
 

Después de celebrar los 50 años del BID en la ciudad, celebración ésta que nos ha llenado de orgullo en cuanto no pudimos quedar mejor los medellinenses ante los miles de visitantes que tuvo la ciudad, despertamos de esta fiesta con algunas preocupaciones que a mi modo de ver hay que ponerles atención.
Medellín es una ciudad que en los últimos años ha venido recuperando su reconocimiento nacional e internacional como el de una capital pujante y con un proceso de desarrollo en diferentes actividades económicas que la han puesto a la vanguardia en muchos campos de la economía. Hemos desarrollado una serie de servicios en el área de la salud, en consultorías de ingeniería, en call centers, actividades de comercio, nuevos centros de educación superior, y en el sector financiero, que se manifiesta con la construcción de la sede principal del Bancolombia en la ciudad. Y no podemos dejar por fuera los proyectos que han girado en torno a empresas como ISA, ISAGEN y nuestra EPM.
Así como hemos tenido avances, también se han presentado retrocesos. Valga decir que han desaparecido las industrias pesadas de la ciudad, como ARGOS y SIMESA. Otras emblemáticas como Pintuco y algunas de cerámicas e insumos para la construcción se han desplazado a otras regiones del departamento o del país. Cabe anotar que algunas industrias generadoras de empleo han venido perdiendo su importancia en la ciudad y en el Valle del Aburrá, como las textileras y las empresas de confección.
De las otrora prestigiosas textileras del pasado, cuando empresas como Coltejer empleaban a más de 13 mil personas y otro tanto ocurría con Fabricato, Tejicondor, Vicuña, Indulana, entre otras, hoy son muy pocos los empleos que existen en ellas. Se calcula que en los últimos años hemos perdido más de 60 mil puestos de trabajo en el sector textil-confeccción.
Este recuento lo hago para prevenir lo que en el futuro se nos puede venir. Medellín, cuya ubicación alejada de los puertos en la cual su competitividad como ciudad manufacturera se encuentra amenazada y con una problemática social, que alimentada por la crisis financiera internacional nos podría llevar a una situación explosiva, similar a la que padecimos en los primeros años de la década de los 80 y que reventó en los primeros años de los 90, cuando las posibilidades de trabajo para las gentes se estaban dando mucho más en las actividades ilícitas y en la informalidad, que en el sector formal de nuestra economía.
La violencia que hemos comenzado a presenciar en algunos barrios de la ciudad, guerras entre combos y bandas como se vivía en el pasado, nos obligan a plantear la necesidad de implementar un esfuerzo conjunto entre Nación, Municipio y sector privado, orientado a establecer una serie de medidas de choque con el propósito de generar masivamente empleo, similares a las que ha venido proponiendo el Presidente Uribe en los últimos días. De esta manera evitaremos volver a aquellos nefastos tiempos que padeció Medellín en los años 90.

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