Neoliberalismo

 
 
Neoliberalismo
 
   
 
por: Armando Estrada Villa
El pensamiento neoliberal tuvo importantes raíces académicas. En 1947, un grupo de treinta y seis intelectuales, entre los que sobresalían Friedrich von Hayek, Karl Popper y Milton Friedman, fundaron la Sociedad Mont Perelin, para oponerse al comunismo, criticar el New Deal del presidente Roosvelt y rechazar toda clase de intervencionismo estatal.
En los años 70 comenzó la renovación práctica del liberalismo clásico con dos objetivos fundamentales: reducir el papel del Estado y reconocer la preponderancia del mercado, con el fin de favorecer la actividad económica privada, la libre competencia y el fomento de los negocios.
Varios acontecimientos ocurridos a finales de los setenta, impulsaron las teorías neoliberales. Uno de los principales fue el aumento del precio del petróleo, que frenó el crecimiento económico, produjo depresión mundial, aumentó la inflación, creció el desempleo, empobreció las naciones no productoras de petróleo y generó déficit comercial en Occidente. Así, la crisis del petróleo evidenció que las fórmulas keynesianas perdían vigencia y que el Estado de bienestar era incapaz de enfrentar los nuevos problemas sociales.
Frente a este panorama el sistema capitalista implantó el neoliberalismo. Primero, Augusto Pinochet lo aplica en Chile (1973-1999), después Margaret Thatcher (1979-1990) y Ronald Reagan (1980-1988) en Inglaterra y Estados Unidos. En los años 80, la URRS colapsa y Mijail Gorbachov, en la Navidad de 1991, termina la Guerra Fría, clausura el comunismo y disgrega la Unión Soviética. Al final, los países socialistas se entregan esperanzados al capitalismo neoliberal. De esa forma, la teoría neoliberal significa el rechazo del capitalismo de Keynes y del comunismo de Marx y Lenin.
La actualización de las ideas liberales genera el soporte ideológico del capitalismo global. Según la lógica liberal el interés de cada individuo y la competencia de los hombres en el mercado, hace que la sociedad progrese y se mueva hacia su propio interés y el de sus integrantes. La novedad estriba en la supresión de fronteras al capital financiero y a empresas multinacionales, el impulso del libre comercio y la conversión del mundo en un mercado global.
Los gobiernos neoliberales enfilan sus poderes a la reducción del papel del Estado, la privatización de empresas públicas, la asignación de protagonismo al mercado, la flexibilización de las relaciones laborales, la disminución del poder sindical, la apertura a las inversiones extranjeras, la fijación de nuevas prioridades al gasto público, la autonomía de los bancos centrales y al individualismo responsable de los ciudadanos. Estos dictámenes se hacen imperativos mediante el Consenso de Washington y la presión de organismos internacionales.
Con el ascenso del neoliberalismo el Estado pasó de solución milagrosa a problema emblemático. Sus culpas eran ineficiencia, lentitud, corrupción, despotismo burocrático, además era responsable de reprimir las destrezas individuales; debilitar el espíritu de superación del ser humano y agredir los derechos individuales. La libertad volvió a sonar con el acento de las grandes palabras en los argumentos neoliberales: “Todo acto de intervención estatal limita directamente el ámbito de la libertad individual y amenaza indirectamente la preservación de la libertad. Además, el poder económico privado se esgrimió como un contrapeso importante el poder político ejercido desde los palacios de gobierno: el capitalismo competitivo, produce también libertad política porque separa el poder económico del poder político, y de esta forma permite que el uno contrarreste al otro.
La privatización de las empresas estatales se convirtió en aspecto clave. Muchos de los espacios de actividad económica y social del Estado pasaron a manos privadas, con el fin de adelgazar el sector público y de esa manera tecnificarlo y moralizarlo, devolverle las empresas públicas a la sociedad, suprimir controles y poner fin a la omnipresencia estatal.
La apertura fue otro eje del nuevo ideal político. Los países renunciaron a los controles sobre las relaciones económicas externas y se abrieron al comercio y a la inversión extranjera, lo que motivó un incremento sustancial del flujo de capital privado, personas, tecnología y mercancías a través de las fronteras. Esta apertura trajo ventajas para el consumidor, pues la competencia a que se vieron sometidos los productos nacionales pudo implicar rebaja en los precios.
Las cartillas neoliberales consideran que un Estado transparente y ágil debe concentrarse en sus funciones inherentes. Según F. A. Hayek las funciones del ente estatal son la prevención de la violencia y el fraude, la protección de la propiedad, la obligatoriedad de ejecución de los contratos y el reconocimiento de iguales derechos a todos los individuos para producir las cantidades de mercancías que quieran y venderlas a los precios que deseen.
Para los neoliberales es claro que la idea de Estado mínimo no significa la implantación de un Estado débil, pues el aparato estatal debe fortalecerse para el control del orden público, la seguridad ciudadana (…)
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, la administración de justicia, la defensa de la moral y el desmonte del sindicalismo. Un estado pequeño y fuerte será siempre obsesión neoliberal.
La confianza en el mercado hizo que la economía primara sobre la política y que asumiera el mando en la conducción de la sociedad. Cada vez más las decisiones correspondían a la inercia comercial y menos a la política. Detrás de este retroceso estatal se esconde un pesimismo frente a la posibilidad de moldear las sociedades mediante el mandato de leyes y regulaciones. Una especie de ley natural de los mercados se reconoce como más útil para guiar la distribución de riqueza y arbitrar los intereses individuales.
El debate actual sobre el neoliberalismo se da por sus resultados. Según Eric Hobsbawm, a finales de siglo XX los países capitalistas del mundo desarrollado eran más ricos y productivos que a principios de los años setenta. Sin embargo, la tendencia positiva no corre pareja, pues mientras unos países crecen, muchos incrementan sus problemas. La aplicación de las ideas neoliberales rebaja la inflación, aumenta las utilidades empresariales, incentiva la inversión, sanea las finanzas públicas, dinamiza la economía, imprime más responsabilidad e iniciativa individual, induce la eficiencia estatal, incrementa la productividad y aumenta el rendimiento del trabajo y la libertad para hacer negocios. Pero también tiene enormes desaciertos, entre los que se cuentan la corrupción en algunas grandes compañías, la implantación de monopolios privados, la disminución de los ingresos laborales y, sobre todo, el crecimiento de la desigualdad y la pobreza, como quiera que 1.200 millones de personas viven con menos de un dólar diario y 2.400 millones con menos de dos.
Profesor Titular, Universidad Pontificia Bolivariana y Universidad Autónoma Latinoamericana.
Abogado, Universidad Autónoma Latinoamericana. Especialista en Hermenéutica Literaria, EAFIT. Magíster en Estudios Políticos, Universidad Pontificia Bolivariana. Candidato al Doctorado en Filosofía, Universidad Pontificia Bolivariana. Congresista de la República, Colombia. Ministro del Interior, Colombia. Áreas de actuación: Comportamiento Político, Estado y Gobierno, Política Internacional, Políticas Públicas, Teoría Política. Correo: HYPERLINK “mailto:aestradav@une.net.co”aestradav@une.net.co
Milton Friedman. con la colaboración de Rose D. Friedman. Capitalismo y libertad, Ediciones Rialp, Madrid, 1966, p. 51.
Ibid., p. 23.
F. A. Hayek. Op. cit. p. 286.