Natalia Bedoya

 
 
Natalia Bedoya
 
   
 
La salud para ella es lo más valioso, por eso se disgusta cuando escucha a alguien en perfectas condiciones decir “qué pereza”, cuando ella en la clínica añoraba con estudiar o trabajar.
 
   
 
 
   
 
A los 23 años son pocas las jóvenes precavidas que se realizan el autoexamen o que tienen real conciencia de que la enfermedad le puede dar a cualquiera. Esa era la edad de Natalia cuando después de una espera larga y con la esperanza viva, le comunicaron su diagnóstico a pesar de su juventud y con pocas palabras para explicar por parte de los médicos, más cuando no tenía ninguna herencia de ello desde su familia.
A partir de ahí comenzó el difícil camino que afrontan las mujeres en esta situación; Natalia era estudiante de arquitectura y comenzó con las quimioterapias en vacaciones, pero cuando llegó el día de regresar a las aulas, la desconfianza y el miedo a la reacción de sus compañeros apareció, se atrasó, pero nunca renunció a continuar con sus actividades mientras su salud lo permitiera.
Fueron 8 meses de quimioterapia, luego la mastectomía y la reconstrucción que las terminó en julio del año pasado, y 4 meses de radioterapia. Durante este proceso el apoyo de su madre y sus dos hermanos fue clave para no decaer en los peores momentos.
Hoy, dos años después del diagnóstico inicial, Natalia debe recibir una terapia hormonal por 5 años. Los análisis y exámenes recientes le indican que su estado es bueno, aunque es consciente que su médico nunca le dirá que está totalmente curada, a pesar de que ella sienta que sí lo está gracias a los positivos cambios que ha notado en su cuerpo.
Su vida y su forma de pensar cambió, lo define como un renacer para llenarse de ganas de hacer muchas cosas que hay que terminar, porque en cualquier momento puede pasar algo y quedarán sin cumplirse.