Muchas obras en ejecución

    Puede echársele la culpa de esta falta de información a un poco planeado plan de comunicaciones que, como con casi todas las obras que adelanta la Administración Municipal, toman por sorpresa a los desprevenidos vecinos, quienes no se explican muchas veces la razón de ser de obras, que cuando se conocen, pueden tener una justificación técnica que mitigue el impacto del ruido y del polvo.

    Estamos convencidos de las bondades de la comunicación, es nuestro trabajo, y por ello sabemos de los efectos nocivos que ocurren cuando obras de la magnitud de las que se adelantan en la Avenida El Poblado no van acompañadas de una permanente campaña de información que explique, pormenorizadamente lo que está ocurriendo.

    Decía César Gaviria que lo único que no se le perdona a un gobernante es que no explique lo que ocurre, bueno o malo, el gobernante está en la obligación de contar cada uno de sus actos y es él el responsable en últimas por las acciones de todos sus subalternos. En el caso de las obras públicas también. No basta con saber que El Poblado va a quedar muy bueno, como dicen los contratistas y los constructores. Hay que saber qué se está haciendo y tener algún grado de certidumbre con los cronogramas, que estamos acostumbrados a no respetar nunca.

    La nueva Avenida El Poblado reducirá el tamaño de las calzadas y solo el planteamiento de esa idea causa retorcijones en el auditorio. Pues bien, la explicación de esa reducción es muy simple, se mantendrá el número de carriles, pero se obligará a los carros a conservar una ruta. Evitar el zigzag al que estamos acostumbrados aumentará, necesariamente la fluidez del tráfico. Pero esta obra, explicada de manera tan elemental, requiere mayores esfuerzos comunicativos por parte de la Alcaldía, no solo en este momento cuando se oyen quejas por todos lados, sino después, cuando los conductores de la ciudad la puedan usar.

    Obras públicas que exigen un comportamiento ciudadano nuevo, exigen un componente de comunicaciones que hasta el momento no se ha explicado.

    Cosa igual debe hacerse con el componente arbóreo, como le dicen ahora a los árboles talados. Agresiva y sin sentido parece la tala, aunque los expertos indican que los árboles talados serán remplazados por otros de igual valor, no solo ornamental sino, especialmente en su valor como equilibradores del contaminado medio ambiente. Recordamos la experiencia de Bogotá cuando para Transmilenio tuvieron que talar rutas enteras, lo que descubrieron con horror los capitalinos era la mala arquitectura de sus calles. Despejar las vías para gozar del paisaje se justifica plenamente, si lo que se verá es mejor que lo que se está quitando.

    Pero estas reflexiones son meras especulaciones, porque la verdad, debemos esperar todavía unos meses para ver los resultados de esta obra; aquí quedan estos comentarios como constancia.