Medidas extremas

     
     Publicado en la edición 389, 03 marzo de 2009 
       
     
    Medidas extremas
     
       
     
    Ante el recrudecimiento de la violencia en la ciudad, la Alcaldía presentó un plan para tratar de buscar caminos que permitan el control y la recuperación de la paz pública. Diseñado en tres frentes: restricción a los parrilleros (aún mujeres); restricción al porte de armas y toque de queda para menores, es a nuestro juicio necesario para tratar de enfrentar la reaparición de una violencia sin control que ya parecía erradica de la ciudad.
    El conjunto de las medidas no está ligado uno con otro. Hay que entender que especialmente la restricción para los motociclistas puede causar mucho descontento, pero también hay que entender que a veces ese tipo de medidas ha demostrado ser eficaz para evitar males que ya vivimos.
    Restringir el porte de armas debe ser una constante. Hemos defendido el principio de que las armas sólo deben estar sólo en manos del Estado y por tanto, aún con salvoconducto, debería estar prohibido. Algunos argumentan que la verdad es otra y que requieren su propia defensa, pero se ha demostrado con cifras que la criminalidad, por ejemplo en Estados Unidos, donde el porte de armas es un derecho constitucional, es superior infinitamente a las cifras de otros países donde existen mayores controles para la posesión de armas, aún de manera legal. Si queremos un país en paz, debemos luchar porque los caminos de la civilidad sean los que se alienten, antes que los caminos que conducen o puedan conducir a las vías de hecho, a tomarse la justicia por la propia mano.
    Y este último argumento, el de la educación en la civilidad, es la que nos lleva a aplaudir la tercera medida, la del toque de queda para menores de 18 años. Se sabe que no es una medida popular, es claro, se argumenta la libertad de los individuos a su movilidad, pero también se ha visto que esa libertad ha gestado extremos que ponen en peligro a la juventud.
    No de manera mojigata, sino con la esperanza de que nuestra sociedad sea capaz de ofrecerle a los jóvenes alternativas diferentes a la rumba desenfrenada, a la borrachera de todos los fines de semana, esta norma desesperada busca reducir la accidentalidad y la violencia entre quienes deberían estar dedicados a la creatividad y a pensar en una sociedad diferente.
    Igualmente, y de la mano al toque de queda para los menores a partir de las once de la noche, la obligación a los establecimientos públicos a cerrar a las dos de la mañana en una medida conjunta con todos los municipios del Área Metropolitana y que debería extenderse al Oriente, para evitar desplazar los problemas de un municipio a otro, es parte de esa cruzada por la recuperación de la convivencia ciudadana y la reducción de los conflictos sociales.
    Como dijimos hace poco, gobernar no es fácil, toca tomar decisiones que muchas veces no son populares, pero eso es el trabajo del gobernante, saber que el bien común, el bien último de la sociedad, es el que debe prevalecer antes que los beneficios de grupos sociales que puedan verse afectados por las medidas que toman, aunque a veces parezcan medidas extremas.