Hacia una medicina integrativa y complementaria

Jorge Vega Bravo / Vida plena
Por Jorge Vega Bravo / Vida plena / opinion@vivirenelpoblado.com

¿Qué nos enferma? Y ¿qué nos genera salud?
En la medicina complementaria se aborda al ser humano como cuerpo, alma y espíritu.

¿Es la medicina una ciencia natural? Para los antiguos era un arte cargado de intuición. En la actualidad definimos la medicina como una ciencia del actuar. Y en esa dirección no podemos seguir tratando enfermedades y estadísticas; necesitamos interactuar con personas, con seres humanos enfermos.

La medicina antroposófica no es una medicina alternativa; lo alternativo excluye las terapias convencionales; hay oposición. La medicina convencional es la corriente principal entre nosotros y la mayor parte de los médicos que ejercemos medicinas no convencionales queremos amplificar la mirada partiendo del modelo convencional para llegar a una medicina integrativa, donde los procedimientos médicos convencionales y no convencionales están unidos conceptualmente.

¿Qué es la complementariedad?

Es la correspondencia de propiedades que son contradictorias a primera vista, pero complementarias en su objeto singular. Un ejemplo: la dualidad onda-partícula en la luz. La luz porta esa complementariedad. El círculo es punto y es periferia al tiempo. La complementariedad es objetiva, no subjetiva. En medicina queremos ver lo que está ahí (objetivo) con otro lente. Por eso la medicina complementaria quiere abordar al ser humano como cuerpo, alma y espíritu.

Surgen dos tipos de preguntas: ¿Qué nos enferma? Y ¿qué nos genera salud? En la primera vemos el paciente como objeto, trabajamos desde la patogénesis, vemos la enfermedad como carencia y al ser humano como un ser natural. En la segunda, lo vemos como sujeto, partimos de la salutogénesis, vemos la enfermedad como un recurso y al ser humano como un ser cultural.

En el modelo convencional tenemos graves problemas con las enfermedades crónicas. Para comprenderlas tenemos que ir más allá de lo físico. Todo paciente necesita:

  1. Comprensibilidad: esto es información clara y en el tiempo adecuado para que comprenda lo que le está sucediendo.
  2. Sentido: la enfermedad tiene un sentido. Al encontrar un sentido surge la motivación y ayudamos al paciente a liberarse de la culpa. Se sabe que entre 30% y 50% de los efectos adversos de la quimioterapia dependen de la disposición anímica del paciente.
  3. Manejabilidad: debemos enseñarle al paciente a lograr lo que le proponemos; sabemos que tiene que cambiar hábitos, pero no lo orientamos.
    Estos tres aspectos deben conducir cambios del estilo de vida que le permitan generar salud. “No son las circunstancias las que determinan la suerte del ser humano, sino su capacidad de superación de las circunstancias” (A. Antonovsky)

    El bienestar económico no va a la par del bienestar anímico. Solo con la dificultad crecemos. El camino es asumirse y entrenarse para superar las dificultades. Es la competencia frente a la enfermedad.

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