Martha Lucía, ¡par favarrr!!!

Por Adriana Mejía
Por Adriana Mejía / Etcétera / direccion@vivirenelpoblado.com

Padece de “lujuria de micrófono”. Blablablá, echa a hablar, con inmutable sonsonete. En la Segunda Cumbre de la Misión Internacional de Sabios sufrió uno de esos episodios.

Si esta columna fuera un GIF, el título serviría de texto acompañante al rostro de un pequeño demonio de Tasmania que voltearía sus ojitos hacia arriba, una y otra vez: par favar, par favar, ¡par favarrr!!!

Pero es una columna y “el pequeño demonio” soy yo: Martha Lucía, cálmese o a mí me va a dar algo.

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Cada que abre la boca –con bastante frecuencia- sufro por ella. Por el síndrome que padece. Se denomina “lujuria de micrófono” y se le manifiesta al ver uno de esos aparatejos, aunque sea de plastilina. Blablablá, echa a hablar, sin puntos ni comas; en línea recta, con inmutable sonsonete; remontándose a la prehistoria y proyectándose a la poshistoria para expresar cualquier concepto.

(¿Y el suiche de apagado? No viene incluido).
La semana pasada sufrió uno de esos episodios, en la inauguración de la Segunda Cumbre de la Misión Internacional de Sabios. Oronda soltó: “El conocimiento por el conocimiento, es solo vanidad. La aplicación del conocimiento por el bien de la humanidad, es lo que tiene impacto y hace la diferencia. Contribuir a la vida digna de los ciudadanos es el objetivo que nos reúne en esta Cumbre de la Misión de Sabios”.

(La Misión está conformada por 45 expertos en diversas disciplinas, nacionales y extranjeros, y tiene como fin –mediante foros regionales temáticos- formular recomendaciones para una hoja de ruta que conduzca a Colombia a niveles de vanguardia, en ciencia y tecnología).

Increíble, sobre todo por venir de una alta representante del gobierno y por el auditorio pesado –sabios o no, está por verse- al que se dirigía con semejante ligereza: “el conocimiento por el conocimiento, es solo vanidad”.

Vicepresidenta, ¡par favarrr!!! Una cosa es ser honesta, comprometida, trabajadora. Otra, parlanchina. Hay que saber cuándo callar. Sus intenciones seguro fueron buenas, es probable que quisiera hacer referencia a la importancia de la transferencia del conocimiento en un país como el nuestro. Pero…

Habría que bucear en las aguas profundas de la epistemología para aproximarse al significado de “conocimiento”. Primero, para tratar de aprehenderlo; segundo, para atreverse a mencionarlo; tercero, para zambullirse en él y saborearlo, libre de falsas modestias. Con esa satisfacción incomparable que algunos, por falta de conocimiento a lo mejor, califican de solo vanidad.

Académicos que estuvieron en la reunión reaccionaron al “resbalón” de la señora Ramírez. Por ejemplo el rector de los Andes, Alejandro Gaviria: “El conocimiento por el conocimiento ha sido una de las visiones de la academia. Su pronunciamiento tiene algo de impertinencia”. La rectora de la EAN, Brigitte Baptiste: “El camino al conocimiento es largo y no tiene fronteras entre lo no aplicable y lo aplicable”. El rector de la Fundación Universitaria Cafam, Francisco Cajiao: “Me eriza una afirmación de esas. Los grandes avances de la humanidad han provenido de una investigación que muchas veces no tenía un propósito práctico”. Y muchos otros personajes calificados que se mueven con soltura en ese campo.

Jalones de orejas se llevó varios. Merecidísimos, además.

ETCÉTERA: Que el que mucho habla mucho yerra, le manda a decir el pequeño demonio de Tasmania. Hágale caso, doña Martha Lucía. ¡Par favarrr!!!

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