Marcela salió de Provenza a velar por los humedales del mundo

Marcela Bonells, más de dos años como Oficial de Apoyo Técnico y Científico en la Convención de Ramsar, en Suiza

Vivió en El Poblado hasta sus 19 años. Hoy genera acciones desde Suiza para lo que más le gusta: proteger el medio ambiente

Por Luisa Martínez

Desde la ventana de su casa en la ciudad de Nyon, Suiza, situada a unos 25 kilómetros al norte de Ginebra, a orillas del lago Lemán, Marcela Bonells puede ver los Alpes y el Mont Blanc. Alrededor, están las praderas y los cultivos agrícolas. “El lugar es idílico, lo ves y es una postal”, expresa. En 15 minutos en bicicleta, llega al edificio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en Gland, donde operan las oficinas de la Convención de Ramsar, la organización en la que trabaja desde 2013 como Oficial de Apoyo Técnico y Científico.

Ramsar es el primer convenio intergubernamental dedicado a la conservación y el uso racional de los humedales que se firmó en Ramsar, Irán, 1971, y del que hoy hacen parte 169 países. “Los humedales están entre los ecosistemas más diversos y productivos, proporcionan servicios esenciales y suministran toda nuestra agua potable, sin embargo, continúa su degradación y conversión para otros usos”, describe la página web oficial. Colombia se sumó en 1998 y cuenta con seis humedales, de la lista Ramsar: el sistema delta estuarino del río Magdalena, el complejo de humedales laguna del Otún, el delta del río Baudó, la laguna de La Cocha, el sistema lacustre de Chingaza y los humedales de la Estrella Fluvial Inírida en la Orinoquía. Según informe del Ministerio del Medio Ambiente, de febrero de 2015, Colombia tiene 31 mil 702 humedales.

Vía de cambio

Marcela creció en el barrio Provenza, en una casa que ahora es un edificio. En 2004, a sus 19 años, salió del país para estudiar en Florida, Estados Unidos. “Es una niña muy inteligente, ¡ganó el primer puesto en la universidad entre 300 abogados de todo el mundo!”, cuenta con emoción su tía Pepita Restrepo, reconocida en El Poblado por sus tortas y bizcochos. Su abuela, María Victoria Restrepo, quien vende ricas empanadas y desayunos en su local El Reverbero, en Provenza, también se siente orgullosa: “Es muy parca y le da pena decir que es brillante”.

Marcela es estudiosa y dedicada. Su buen desempeño mientras estudiaba inglés, la llevó a ser elegida junto a otros estudiantes para una beca en la University of South Florida, donde cursó Ciencias Políticas y se especializó en Gobierno y Asuntos Internacionales. Luego en la Stetson University College of Law, siguió un postgrado en Derecho en donde reafirmó su pasión por la naturaleza y eligió el derecho ambiental. “Es un vehículo para aportar un cambio y ser proactiva”, cuenta. El amor por la naturaleza y el campo, lo tenía desde niña. Muchos días de su infancia, los pasó en la finca de su abuelo en Jericó, en donde veía secar el café y desde donde cada tanto llegaban a su casa frutas y verduras.

Su interés por el sistema político de los Estados Unidos, las leyes y el gobierno y su influencia en el medio ambiente, comenzó a expresarse desde labores de limpieza con sus compañeros en playas y costas de Florida hasta en investigaciones, publicaciones y campañas cívicas. Hizo pasantía en el Instituto de Diversidad Biológica en Gulport, FL y en la Stetson University College of Law descubriría la grandeza, importancia y beneficio de los ecosistemas de humedales para la supervivencia de las comunidades humanas y de las especies de flora y fauna. Esto fue junto a su profesor Ezequiel Lugo, de quien fue asistente y con quien realizó la publicación Comités Nacionales de Humedales a través de las seis regiones Ramsar: Diversidad y Beneficios en la Revista de Derecho y Política Internacional de Vida Silvestre. Hasta ese momento, ningún estudiante había tenido la oportunidad de hacer una publicación. En reconocimiento por su labor y servicio voluntario la universidad le otorgó los premios Dean’s Award y Hearne Environmental Law Award en 2012. También sería pasante legal en agencias ambientales del gobierno de Estados Unidos como la Comisión de Protección Ambiental del Condado de Hillsborough y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica.

Otra vida

Actualmente Marcela –con 30 años– hace parte de la Secretaría de Ramsar, donde con un equipo de trabajo, coordina diferentes acciones como mantener los sitios Ramsar, lograr la adhesión de nuevos países a la convención, establecer la comunicación con expertos, científicos y representantes de los países, informar sobre las nuevas decisiones… En ese ir y venir de actividades, ha podido viajar por diferentes países y regresar a Suiza llena de experiencias. Ucrania, Corea del Sur, China, Japón, Uruguay, Jamaica, han sido algunos de sus destinos.

Feliz por lo que hace, expresa: “Es un acuerdo global y me encanta ver la cantidad de personas involucradas para que la convención pueda ser aplicada a nivel nacional. Ver ese esfuerzo y que la gente se preocupe tanto por el medio ambiente me emociona mucho”. Aun así, “la situación es crítica, porque si bien estamos logrando promover la conservación por medio de los sitios de importancia internacional, la pérdida de humedales, a nivel mundial, continúa”, afirma. La conversión de usos del suelo para la construcción y la agricultura son los mayores peligros, fenómenos por los que “también se pierden humedales en Colombia”. Sin embargo, le sorprende que Colombia y América Latina cuente con tantos instrumentos y políticas de protección.

Para continuar su conexión con el derecho, hace poco se hizo miembro voluntaria de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y entre sus proyectos están realizar nuevas publicaciones sobre política ambiental. Por ahora, seguirá disfrutando de los deportes en invierno y las salidas en bici por las montañas de Nyon, que le recuerdan las montañas colombianas, tan diferentes.