Mami, ¿qué tengo para hoy en la lonchera?

    Esta es la pregunta que hacen los niños cada día a sus mamás. Por otro lado, las madres están cansadas de prepararle a sus hijos, y a veces a los maridos, las loncheras, tratando de darle variedad a algo aparentemente tan lejano de la comida casera que se come alrededor de la mesa.
    La preparación de la lonchera puede convertirse fácilmente en la fabricación de una bomba terrorista, para ello solo se necesitará poner diariamente dos paquetes grandes de papas fritas o chitos; una hamburguesa con bastante grasa, acompañada de tocineta, queso amarillo de baja calidad, una hoja de lechuga y una tajada de tomate y como aderezo una porción generosa de mayonesa, mostaza o kétchup; una lata de gaseosa y como postre, una porción de torta preparada con harina, huevos sintéticos, azúcar y aceites hidrogenados o una chocolatina.
    Con esta dieta, uno podría concluir que en unos pocos meses el dueño de la lonchera va a tener sobrepeso y que empezará a convivir con las condiciones de la decadencia física. En el caso de los niños, se ha podido observar cómo en los últimos 30 o 40 años, su peso y volumen han venido aumentando, con varios kilos por encima de los recomendados para su edad y configuración.
    De acuerdo con las Guías de Nutrición del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, una dieta equilibrada debería tener cantidades adecuadas y razonables de vegetales, granos, proteínas y frutas, complementadas con actividad física. (Ver http://www.mayoclinic.com/health/healthy-diet/NU00190 )
    Preocupado por el tema, he averiguado cómo preparan loncheras algunas madres que tienen hijos saludables y sin sobrepeso. Todas admiten dos cosas: la importancia de este tema en la salud de sus hijos, pero a continuación reconocen que es una actividad que requiere de persistencia en las prácticas alimenticias de la familia.
    Recomiendan prepararla cada día, utilizando productos de la mejor calidad y con tal variedad de colores y sabores, que para los niños sea una aventura diaria el descubrir el contenido de su lonchera, prácticas que se adquieren cuando la dieta casera incluye los mismos elementos, o similares, a los que los niños van a encontrar en su almuerzo escolar.
    Para empezar, hay que adoptar una dieta equilibrada para la casa, que introduzca sabores nuevos y sanos a nuestro paladar; entrar sin temor al mundo de los vegetales y las ensaladas, cambiando la conocida lechuga y tomate por otros vegetales nuevos, como bien podrían ser la remolacha, el apio, el brócoli, la coliflor, etc.; comprar pescados y mariscos variados y carnes de vacuno, cerdo y pollo con poca o ninguna grasa, traer a la mesa proteínas nuevas como el conejo o la quinoa; mantener frutas frescas, complementadas con cantidades razonables de cereales y frutos secos; y ¿por qué no? tomar clases de cocina sana. Esta aventura, que empieza con la lonchera, a la larga podría convertirse en una filosofía de vida para toda la familia, la que al cabo de los años podría ser apreciada por todos como un punto de inflexión en sus vidas.
    Comentarios y sugerencias serán bienvenidos en alvaron555@hotmail.com
    Buenos Aires, enero de 2012.
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