La fábrica geek que cierra brechas de desigualdad

Catalina Escobar lidera Makaia, una empresa que le ha apostado a la inclusión digital de poblaciones vulnerables.

Los “nini” son su público objetivo. Jóvenes que ni estudian, ni trabajan, en algunas ocasiones no por un deseo personal sino, literalmente, por la falta de oportunidades y de recursos para financiarse una carrera técnica, tecnológica o profesional.

Catalina Escobar escuchó el consejo de Tomás Posada, profesional del sector tecnológico, quien le planteó una carencia: no había disponibilidad de recurso humano calificado que se encargara del desarrollo de programas tecnológicos, que participara en Inteligencia Artificial, Big Data, el Internet de las Cosas, y demás herramientas de la Cuarta Revolución o la industria 4.0.

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Y pensaron, entonces, en atraer a esos jóvenes, que en una esquina veían correr el tiempo, que eran vulnerables a las economías ilegales, para formarlos y luego insertarlos en el mundo laboral. Una suerte de fábrica de desarrolladores. Una academia geek.

A esto se dedica Makaia, la empresa social que Catalina fundó junto a otros dos socios hace cerca de trece años para desarrollar proyectos y mejorar la calidad de vida de personas, organizaciones y comunidades.

Su público objetivo no tiene que saber de tecnología. Han formado productores cafeteros que lejos están de contar con un teléfono móvil de última tecnología, pero que con su “celular flechita” han incrementado su productividad con unas cuantas herramientas digitales; otros sí manejan un dispositivo moderno, pero no sabían cómo sacarle provecho más allá del chat.

Otro objetivo, señala Catalina, es cerrar brechas de desigualdad. Que sin importar el nivel socioeconómico ni educativo de las personas, todas puedan acceder a las herramientas digitales que les abrirán puertas en distintos escenarios: laboral, social, educación, entre otros.

“Nos interesan seguir mapeando las empresas que necesitan este recurso humano, para que los jóvenes tengan más oportunidades de formarse en tecnología y acceder a un empleo”, cierra Ana Isabel Restrepo, de Makaia.

Por Sebastián Aguirre

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