“Los videojuegos me salvaron la vida”

“Los videojuegos me salvaron la vida”
Uno de los gamers más dedicados y expertos de la ciudad, le contó a Vivir en El Poblado porqué estos aparatos electrónicos cambiaron su destino


Solo en El Poblado, el 87.8% de los hogares tiene computador, el 85.2 tiene Internet y el 27.3% de los hogares tiene video juegos o juegos electrónicos, según la encuesta de Calidad de Vida Medellín 2010.

Por Joaquín Gaviria López
En 2009 Jaime Andrés Vargas se dio cuenta de que estaba perdido en Los Ángeles, California. Había llegado proveniente de Medellín para ser la primera persona de esas tierras en conocer los últimos videojuegos desarrollados. Días antes había recibido la invitación para participar en el E3 -International Entertainment Expo- y no dudó en emprender el viaje.
Al bajarse del avión caminó cinco horas para llegar a su destino y, cuando por fin lo hizo, supo que estaba en el lugar indicado: gamers por todos lados, explosiones, el colorido de los escenarios virtuales, estrategias, las últimas consolas y un mundo lleno de personas como él que veían en los videojuegos un estilo de vida.
Para Jaime, ese momento significaba, ni más ni menos, llegar a uno de los templos de esa industria que le había ayudado en su batalla por tener una vida normal desde que era un niño.
Cuando apenas tenía dos años una fiebre le produjo a Jaime una convulsión febril. Según cuenta su madre María Victoria, el diagnóstico médico hablaba de grandes dificultades incluso para amarrarse los cordones. El parte informal decía que “era mejor pensar en una escuela para niños bobos”. Los problemas derivados de esa situación fueron evidentes de inmediato.
“Cuando Jaime tenía unos 6 años un neurólogo me recomendó que, para este caso particular, le comprara juegos de video que le ayudarían en el desarrollo cerebral”, dice su madre.
Tal y como lo recuerda Jaime hoy, a sus 29 años, el aparato que le dieron fue un Commodore 64, una especie de computador que se conectaba con el televisor.
De ahí en adelante por la casa de la familia Vargas han desfilado, entre muchos otros, el Atari 2600, el Gaming Watch, el Family, el Nintendo, el Sega Génesis, el Dreamcast, el Súper Nintendo y más recientemente los Play Station, Xbox y Wii. Cada evolución de las consolas parecía un nuevo tratamiento experimental.
Al cumplir ocho años el pequeño por fin aprendió a hablar claramente y empezó a estudiar en una escuela normal, en la que, a propósito, alquilaba en el descanso su Game Boy para completar la lonchera.
“Mi espíritu de comerciante se intensificó en la adolescencia cuando me trajeron el Nintendo 64, que valió 500 mil pesos. La mayoría de mis amigos querían jugarlo y yo se los alquilaba en mi casa”, recuerda.
Su personalidad gamer hace que Jaime recuerde con mucho detalle su primer torneo de Halo en el Parque Comercial El Tesoro (2000), en el que llegó a cuartos de final, y cada uno de los trucos que leyó en las revistas de Nintendo, las mismas que aún conserva porque le permitieron aprender a leer.

Al juego Final Fantasy (hasta la 11) también le otorga un sitial educativo importante, pues dice haber aprendido inglés en el tiempo que lo estuvo jugando entre el 2004 y el 2009.
Títulos como Diablo III (que dice ser el primer gamer de Medellín en haberlo jugado), Battlefield, League of Legends, Call of Duty y World of Warcraft, hacen parte de los juegos online que le permiten conectarse con entusiastas de todo el mundo.
Él también hace parte de las cerca de 150.000 personas que en Colombia ha jugado el título Operación 7, de las 12 millones de personas que tiene una cuenta de World of Warcraft en el mundo y de las 1.100 personas que se inscribieron en el último Monterrey Gamers que se desarrolla en junio en este centro comercial.
A lo largo de la conversación Jaime recuerda repetidas veces su presencia en el evento E3; es como si haber estado allá le hubiera permitido descargar un emotivo agradecimiento en la Meca de los desarrolladores y jugadores, quizá las personas a las que les debe un gran abrazo por haberle devuelto su vida.