Los periplos de Lina María Aguirre

Los periplos de Lina María Aguirre
Una mujer enamorada de los viajes y la literatura le cuenta a Vivir en El Poblado cómo ha vivido entre libros y maletas

Es un romance de muchos años. Lina María Aguirre descubrió a temprana edad, en la biblioteca del colegio y en la de su familia, la pasión por los libros. Siempre se vio rodeada de historias y textos en otros idiomas, de adultos incansables lectores de prensa y de conversaciones en las que participaba activamente.
Contar historias hace parte de su vida desde entonces. Ese camino la llevó a estudiar periodismo y a dedicarse a temas de ciudad en publicaciones nacionales. También a trabajar en instituciones culturales y a estudiar filología inglesa en Europa. En ese continente vivió durante siete años, entre Londres y Barcelona, estudiando, ejerciendo su profesión y descubriendo el mundo.
Tal vez esa sea su mayor fascinación, descubrir, como lo diría ella misma, “qué hay en la otra orilla”. Lina María lo hace a través de viajes y libros. “Empecé a resolver un interés por la literatura de viajes, que ha sido un género muy cercano al periodismo”, dice mientras recorre su apartamento en El Poblado, lleno de literatura anglosajona (Shakespeare en la mesa de noche), antiguos cronistas, textos científicos, música, algo de poesía y filosofía, y muchos recuerdos de travesías fascinantes.
De todos sus viajes han quedado rastros inolvidables. Con un poco de nostalgia empieza a recordarlos desde La Patagonia, uno de sus lugares favoritos. La idea de ir al final del mundo, recorriendo los glaciares en Argentina y Chile, en anticipación de Antártica, ha inspirado muchas crónicas de viaje, cuenta Lina. “Son largas travesías que te conectan con el mundo y con gente propensa a la soledad pero no a la desolación”.

 Al Reino Unido, lleno de diversidad cultural, en medio de contrastes de historia y tradición, con renovación y modernidad, lo ha visitado muchas veces. Una de sus actividades favoritas es recorrer las cientos de librerías de segunda en busca de ediciones especiales. En su visita más reciente se fue tras las huellas de Charles Dickens para empaparse nuevamente del autor, en preparación a los ciclos de literatura que dicta en la universidad Eafit.
“Lo maravilloso de Europa es la posibilidad de desplazamiento”. Le encanta poder tomar un tren en Barcelona y al día siguiente encontrarse en otra gran metrópolis como París. O estar en Dinamarca y pasar de Copenhaguen, tan cosmopolita, a Helsinbgerg, donde está el castillo de Hamlet. Pero Italia, sin duda, es para ella el sitio para vivir bien, con gusto y en un ambiente que solo los italianos saben crear. A Verona llegó, como Dickens, Lord Byron y muchos poetas del siglo 18, a presentar sus respetos a Julieta.
Las carreteras y las vías del tren en Estados Unidos también la han invitado a recorrer las costas Este y Oeste de ese país. Dice que son la mejor forma de conocerlo. “La carretera te vincula con la idiosincrasia del país, y en el tren conoces un lado muy variado de toda la población americana”, dice Lina. A esas tierras quiere regresar para recorrer el río Mississipi de la mano de Mark Twain.
Los viajes asiáticos han incluido lugares como Hong Kong, una ciudad que, como explica esta periodista, no vivió la revolución china por ser colonia británica y por ende conservó mucho de la tradición borrada en el comunismo de Mao. Esto, mezclado con la influencia inglesa y la modernidad de hoy, la hacen un sitio predilecto. También visitó las montañas de Malasia, donde “alfombras interminables de cultivos de té” rodean una población china, malaya e india. Uno de sus próximos viajes la llevará nuevamente a este continente en busca de la ruta de la seda, de la mano de autores como Colin Thubron.
Pero su mejor descubrimiento ha sido la diversidad del mundo, la posibilidad de llevar una vida flexible con maletas ligeras. Para eso solo empaca sus ideas principales sobre la libertad de pensamiento y expresión, pues está convencida de que es mucho más emocionante dejarse sorprender e interpelar por el cambio.
El cambio lo ha visto en los libros que tanto ama. Cree que sus amigos de papel podrán convivir un buen tiempo con el formato electrónico, pues muchas editoriales “hacen un trabajo cuidado de reediciones que le adjudican al libro un valor adicional como objeto para conservar”. Pero, además, dice que son muchísimos los libros en circulación y muchas las personas acostumbradas a tener y comprar libros en papel, así que no cree que sea un mercado que se extinga rápidamente. El periódico en papel, aclara, es otra historia.