Los Midas del entretenimiento

   
  
   
 A los 18 años ya era socio de un bar. Se llamaba Barnaby Jones -el bar- y su fuerte eran los cocteles, las fiestas y el rock alternativo. Desde entonces Carlos Esteban Estrada empezó a adiestrarse en las lides de manejar establecimientos abiertos al público, aunque valga decir que en aquel momento sacó la mano. “No fuimos capaces con las cédulas, las falsificaban y nosotros siempre terminábamos pagando los platos rotos”, nos cuenta casi 20 años después quien junto con su homónimo Carlos Hernán Estrada y Rodrigo Isaza conforma hoy una de las sociedades más creativas de Medellín, pioneros del catering empresarial y los picnic conciertos en el Jardín Botánico, creadores de Mélodie Lounge -con programa radial y sello discográfico incluido- de Herbario, la Tienda de Herbario y más recientemente del exitoso Bonuar, restaurante anexo a la nueva sede del Mamm.
Pero volviendo a Barnaby “ya nos iban a quitar la licencia y cerramos”. Empezando porque ni a él, el dueño, le creían que tuviera cédula pues siempre ha cargado sobre sus hombros una cara de niño que no se desdibuja ni a los 37 años. Después, con un ex socio de Barnaby, abrió Café Abril, sitio que por su música y coctelería marcó un cambio frente a las opciones que ofrecía la ciudad a mediados de los 90. A los tres años lo vendieron y con el producto de lo ahorrado “me fui estudiar por fuera durante tres años”. Para entonces ya era ingeniero de producción.

De Mélodie a Bonuar
Carlos Esteban, más conocido como El gordo Estrada, regresó a Medellín en 2001 especializado en logística. Y llegó el momento de Mélodie Lounge. “Al principio éramos Daniel, socio en el primer Barnaby, Carlos Hernán, quien había sido socio de Daniel en Estereomatic, y yo. Queríamos un sitio tranquilo, con sofás, más fiel al concepto de un lounge. Sabíamos que teníamos que apoyarnos fuertemente en el tema de la comida, porque cuando montás un sitio nocturno o enrumbás a la gente y la ponés a tomar a dos manos, o montás un sitio más calmado donde se pueda conversar, pero en ese caso tenés que abrir toda la semana y la única forma de que te funcione el negocio así, es con comida, una buena carta. De ahí nació el cuento de Mélodie”.
Precisamente por lo de la carta, empezaron a trabajar con Rodrigo Isaza, conocido artista plástico y “un engomado con la cocina”. Muy pronto con él comenzaron también a atender grandes eventos y al irse Daniel para Londres, Rodrigo se convirtió en el tercer socio.
La expansión continuó. “A nosotros – a los dos Carlos Estrada- siempre nos había gustado lo de los restaurantes pero no éramos chefs. Ahí surgió la idea de Herbario. Le dimos muchas vueltas al nombre. Queríamos hacer algo distinto, que la música acompañara lo que está en el menú y en el espacio. Pensamos que las hierbas las tienen todas las gastronomías del mundo y por eso el nombre no nos limitaba. Vos podés cambiar radicalmente tu carta cada año y no estás traicionando lo que planteaste porque igual estás siendo fiel a las especias y a las hierbas y podés poner la música que te da la gana porque tampoco estás traicionando la esencia del restaurante porque cuál es la música de las hierbas: cualquiera”. En síntesis, buscaban coherencia y la encontraron.
“Decíamos que la carta debía ser como un herbario, y cuando a vos se te permite la posibilidad de jugar con todo eso desde lo gráfico, desde la cocina y desde el arte ya hay una identidad fuerte que podés contar y para nosotros eso es lo más valioso”.
Gracias a eso, han hecho a Medellín un aporte cultural significativo. El último de sus lugares es Bonuar, en Ciudad del Río, donde el arte, la música y la buena mesa se entrelazan.
Para Carlos Esteban, el éxito de los proyectos que han emprendido está en el equipo y el cuidado de los detalles. “Siempre trabajamos con equipos muy buenos en arquitectura, diseño gráfico, muy buena asesoría en la parte musical y creo que es la base de cualquier empresa que uno hace: si te rodeás bien y hay un buen ambiente y todo el mundo esté enfocado en lo mismo, lográs resultados”.
Por último, algo fundamental: el disfrute. “Nosotros disfrutamos lo que hacemos, y crecemos al ritmo que podemos crecer conservando la pasión por lo que hacemos. Mi sueño es poder seguir levantándome feliz".