Lluvia

     
     
     
    Lluvia
     
     Este objeto artístico es como una especie de pararrayos que atrae sobre sí múltiples referencias procedentes de todos los terrenos de lo humano 
       
     
     
     *Por Carlos Arturo Fernández U., miembro del Grupo de Investigación en Teoría e Historia del Arte en Colombia, de la Universidad de Antioquia. Profesor de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia. 
     
     
     
    Por Carlos Arturo Fernández U.
     
     La obra de cada artista se desarrolla en un clima particular, que ella misma genera y alimenta, en el cual pueden identificarse propósitos y rasgos característicos que superan los asuntos puramente temáticos. Por ejemplo, un artista quiere buscar un ambiente conceptual cargado de aspectos inmateriales; otro se vuelca sobre la vida cotidiana mientras el de más allá se plantea un interés especial por las fuerzas creativas de la naturaleza, o, al contrario, por la vida de la ciudad; a lo mejor, algunos piensa en la necesidad humana de decorar la vida, o en el gusto popular, y así sucesivamente.
    Es el tipo de situaciones que identificamos cuando se dice, por ejemplo, que el trabajo de Luis Fernando Peláez (Jericó, 1945) se despliega en un universo de sugerencias líricas. Sin embargo, la mera percepción de ese clima no agota la obra, aunque, sí es un punto de partida indispensable para que podamos establecer un proceso de comunicación con ella y con su creador. Es como decir que necesitamos sintonizar bien una emisora para poder escuchar adecuadamente el concierto que se transmite. Pero, por supuesto, lo que nos interesa, en el fondo, es el concierto. O, en este caso, el mundo poético creado por el artista.
    “Lluvia” es una obra en pequeño formato, en la colección del MAMM, de 54 centímetros de altura y de ancho y 20 centímetros de profundidad, que Luis Fernando Peláez creó en 2003, dentro de una amplia serie de trabajos acerca de un asunto como la lluvia, sobre el que ha regresado insistentemente a lo largo de las últimas dos décadas. Realizada en acrílico y resinas, más el pequeño objeto en forma de casa con escrituras que cubren sus caras principales, la obra, casi mínima, impacta por su simplicidad y pureza y nos introduce de golpe en aquel clima de resonancias poéticas que hemos mencionado.
    A continuación cabe siempre la posibilidad de preguntar qué nos transmite este trabajo; y es entonces cuando, quizá, caemos en la cuenta de que, como toda obra de arte, aquí nos encontramos frente a una casi infinita posibilidad de referencias de sentido, porque el arte se desarrolla en el más dilatado horizonte de la cultura. Y en ese contexto, este objeto artístico es como una especie de pararrayos que atrae sobre sí múltiples referencias procedentes de todos los terrenos de lo humano: la casa como hogar y vientre que nos protege, espacio del habitar, de la intimidad y del contacto; o, recreada por las resinas, la fluidez del agua que hace presente el transcurrir incesante de la existencia pero también la monotonía, el frío y la disolución de lo aparentemente sólido y seguro; o las palabras escritas, con una caligrafía que parece proceder de viejos textos, vistos además como a través de un espejo, con una carga de recuerdos, quizá de vidas ya vividas.
    Pero no nos quedamos encerrados sólo en esta pequeña “Lluvia”. Con un poco de suerte, a la mente del observador pueden llegar otras obras de Luis Fernando Peláez o, a lo mejor, los trabajos de otros artistas, pintores, escultores, de poetas y escritores, obras de teatro o películas, o acontecimientos históricos, técnicos o científicos, y, en fin, una red de relaciones que podrían extenderse indefinidamente en todas direcciones.
    Y allí reside la peculiaridad del lenguaje del arte. Ya a finales del siglo 18, Kant señalaba que, mientras que la ciencia busca hablar con conceptos formales y exactos, el arte se despliega por medio de ideas que excitan nuestra sensibilidad y generan en nosotros múltiples pensamientos sin que, sin embargo, sea posible reducirlas a un concepto preciso.
    Quizá la esencia de la poesía que constituye una obra como “Lluvia”, resida justamente en esta incitación a viajar por el universo de la sensibilidad y de las sugerencias.