Limpieza submarina, un día para el mar

Tenemos una inmensa riqueza de agua que tal vez nos ha hecho olvidar que puede llegar a faltar. El océano que convierte la Tierra en un planeta vivo, es un sistema frágil. Paso a paso el hombre lo está destruyendo con dos armas muy poderosas: la basura y los productos tóxicos que llegan a través de los ríos o en forma directa arrojados por la irresponsabilidad humana.

Parecería entonces que las jornadas de limpieza submarina poco representan para un problema de tal magnitud; ya son casi 20 años de realizarse y sus resultados se reducen a unas pocas toneladas de basura sacadas del mar o recogidas de sus playas. Más de 100 países, casi un millón de personas y algunas empresas que sienten su compromiso ambiental, nos quieren mostrar lo que hacemos con el mar desde sus costas. Buscan, apelando a una frase muy trillada, “crear conciencia”, no solo por el mar, sino por el Planeta Tierra, el único hogar que tenemos.

En los últimos meses, personas relacionadas con la Agenda del Mar participaron en eventos de limpieza en Aruba, Punta del Este (Uruguay), las Islas del Rosario en Cartagena, y San Andrés. En un proceso convertido en ritual, numerosas personas caminan a lo largo de las playas, recogen la basura, la clasifican y colocan en fila para un conteo y pesaje. Los buzos se sumergen hasta el lecho marino, recogen los residuos y los llevan a la superficie. La jornada se lleva a cabo en medio de la alegría y la entrega de los amigos del mar. A final aparece un resultado que se compara con el año anterior, muestra que cada año la basura disminuye. Bañeras para bebés, ollas, llantas, baterías, preservativos, icopor, colchones, latas de bebidas, cascos de motociclistas, sandalias, piezas de embarcaciones, botellas, plásticos, vidrios, hacen parte de una larga lista. Las imágenes de la televisión y la prensa se convierten en el mejor ejemplo para las comunidades que viven del turismo. Un mar y una playa limpios, son un gran atractivo. Nadie busca lugares sucios para visitar.

La Tierra agradece a todos el regalo que significan las actividades de limpieza submarina. A quienes organizan, patrocinan y participan de los trabajos. El mejor complemento podríamos darlo quienes vivimos lejos del mar, en especial los responsables de contaminar las fuentes y ríos con productos químicos, los que hacen llegar a ellas los alcantarillados, las autoridades a las que poco o nada les interesa el control. En fin, todos los que han hecho cierta la frase: los problemas del mar empiezan en la tierra.

Valdría la pena proponer junto con la limpieza, unas jornadas de conciencia ambiental.



La huella ecológica

Vale la pena preguntarnos: ¿que pedazo de Tierra necesitamos para vivir? Tengamos en cuenta las cosas que utilizamos: agua, alimentos, ropa, casa, toda clase de objetos. Cada una de ellas es un fragmento del planeta, renovable o no. Al espacio que cada uno necesita para vivir, se le llama la huella ecológica individual.

Veamos las necesidades en algunas regiones: un europeo necesita 5 hectáreas para obtener sus recursos; un estadounidense 8,7; un chino 1; un hindú 0,8; un colombiano 2. Para cada región hay un cálculo de la huella ecológica. Si consideramos el planeta y sus más de 6 mil 500 millones de habitantes, solo habría 1,5 ha por habitante.

La publicación Habitar el Mundo del Foro de Barcelona 2004 concluye: “La opulencia malversadora exalta los fundamentalismos y la desesperación agresiva. Todos, incluso los ricos, acaban sufriendo la consecuencia de esta insostenibilidad ambiental”. Y agrega: “Para que todo el mundo pudiera consumir como los europeos y los americanos de hoy en día, el planeta debería triplicar su superficie”.



Solidaridad

En Medellín se realizaron dos eventos recientemente. A finales de septiembre, la X Bolsa Turística Internacional; y en la 3ª semana de octubre, Bioexpo Colombia 2005, un mundo de oportunidades en armonía con la naturaleza. Ambos con un fin común: Mostrar a Colombia, un paraíso abierto al mundo, sus regiones, su biodiversidad, sus productos y la calidad de sus habitantes. Una meta: tener un millón de turistas internacionales en 2005 y cinco millones en 2010.

Como por arte de magia aparecen las regiones: La Guajira, el Chocó, Los Llanos, el Huila, Antioquia, el Eje Cafetero, la Costa Caribe y la Pacífica, Tolima, Boyacá, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, los santanderes, el Amazonas, Cesar, Putumayo, Vau-pés, en fin, en un pequeño espacio se mira nuestro territorio, sus gentes y sus productos. Todos invitan a sus destinos mágicos y a recorrer el país en plan de ecoturistas.

De verdad, el turismo puede ser la gran industria del siglo XXI. Muchos lugares del exterior crecen con el uso racional de sus recursos naturales y la presencia de miles de visitantes, y nosotros muy poco. Debemos empezar por ser solidarios con lo nuestro, con sus paisajes y sus productos. Se acerca la Navidad, deberíamos pensar en el trabajo de nuestros artesanos, las flores y los frutos del campo. Convertirlos en regalos sería el mejor aporte a la paz y a la satisfacción de las inmensas necesidades que nos rodean. Y si llegan visitantes del exterior mucho mejor.