¿Leer es dejar de ser?

Cuando los acontecimientos se aceleran en este país, Colombia de los colombinos, me pregunto, no sin desánimo, ¿para qué los libros? ¿Para qué leer? ¿Para qué la ficción? ¿Para qué la literatura? Y casi siempre me respondo igual: yo leo para dejar de ser lo que soy.

¿Derrotismo? ¿Resignación? ¿Iluminación? Leo para ser otros. Leo cuentos para ser el aserrador que pasa y sobrevive. Leo novelas para sentir la brisa del Magdalena antes del cólera. Leo ficción para ser Sartoris o el coronel Aureliano Buendía o un rebelde de Canudos. Ya dije: leo para dejar de ser.

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Los libros con dibujitos

Valentina Toro escribe y dibuja por mero goce pagano. Capaz de idear una historia sobre la amistad entre un niño y un perro, tiene también la sabiduría para ilustrarla con trazos sensibles y precisos. Nada escapa a su doble pluma de dibujante y narradora: los detalles en las miradas de los dos amigos, las expresiones de candor o complicidad, el encadenamiento del relato, la brumosa estabilidad de esta relación tan cotidiana y, a la vez, tan insólita. ¿Quién ama más a quién? ¿El perro al niño? ¿El niño al perro?

Ojear o leer Un perro (Frailejón Editores, 2018) es una delicia que no se agota a la primera vez. Al terminar, dan ganas de volver a empezar el libro en un bucle incesante. Como todas las obras de la casa editorial de Iván Hernández y Pilar Villegas, esta es una joya de filigrana: conjuga exquisitez con liviandad. Lo que se merecen los cuentos y dibujos de Valentina…

El precio del delito

La literatura policíaca está de moda. Con estilos y protocolos al gusto de cada cual, polizontes, investigadores privados, soplones o criminales campean en miles de páginas. Distintas personalidades y un mismo objetivo: el restablecimiento del orden. Porque así te proclames anarquista, no soportarías vivir en el caos.

En Disparos en la noche (RBA Serie Negra, noviembre de 2013, 1.148 páginas) se recopilan los cuentos completos de Dashiell Hammett (1894 – 1961), pionero del género policíaco. Agente de la Pinkerton’s National Detective Agency, Hammett alcanzó la fama con Cosecha roja (1929) y El halcón maltés (1930). Sus personajes, el agente de la Continental o Sam Spade, fijaron el prototipo del detective sagaz y rudo, realista, desconfiado a ultranza y hastiado de la corrupción. ¡Hammett, Hammett, Hammett!

Cuando los fantasmas nos persiguen

¿Te gustan los libros grandes, aunque sean gruesos? ¿Te gustan las novelas de guerra con romances e intriga? ¿Te gustan los best sellers? Entonces con Tú no matarás (Plaza & Janés, octubre de 2018, 991 páginas), de la exitosísima escritora española Julia Navarro, saciarás tu hambre y sed de justicia ficcional.

Ambientada en Madrid, Alejandría y París, la novela cuenta la historia de tres jóvenes amigos (Fernando, Catalina y Eulogio) durante la guerra civil española con sus congojas y fantasmagorías. La autora, como en otras ocasiones, “indaga sobre el peso implacable de la conciencia y el transitar por esa frontera inhóspita que separa el bien del mal”. O sea, dos temas espinosos que trata con un lenguaje sencillo, directo, fácil de leer y de asimilar. Y rinde su homenaje a editores y librerías. Porque, al parecer, ella también lee para dejar de ser.

Para saber cómo alucinan los niños

La literatura infantil es asunto de adultos, mientras más cuchos, mejor. Como Octavio Escobar, el escritor colombiano con más premios por metro cuadrado. Me ahorro la lista para que no me digan envidioso. Se los merece cada uno sin discusión. A mí Octavio me parece un escritor sin fisuras, serio y culto, intransigente con el facilismo o la frivolidad. Osado y versátil, por lo demás.
El viaje del príncipe (Panamericana Editorial, noviembre de 2018, 56 páginas) es una muestra de tal audacia. Con ilustraciones de Olga Cuéllar, este cuento para niños de cuatro a ocho años, es una aventura casi onírica, un bofetoncito a la vida ordinaria. Está escrito con lucidez y cierto desapego, dos rasgos que Octavio comparte, quizás sin proponérselo, con el conde de Saint-Exupéry y con Charles Lutwidge Dodgson, alias Lewis Carroll. Bendito sea mi Dios, según decía mi abuelita.

¿Escapar o ser feliz?

Las almas descalabradas subsisten entre el cielo y el infierno, pero acá en la Tierra. El sufrimiento descuartiza sus deseos. La soledad, como una hiedra, encapucha la voluntad. El desasosiego los inmoviliza, deprime, mata.
Piedad Bonnett lleva años tratando de esclarecer el misterio del dolor y de las ausencias. Ahora con Donde nadie me espere (Alfaguara, noviembre de 2018, 205 páginas) ha creado a Gabriel, un millennial entrañable, desesperado, que busca escapar y ser feliz, como tantos de nosotros. Es un libro íntimo y atormentado. Narrada en primera persona, a veces con vértigo, otras con modosa ternura, bellamente escrita, esta novela muestra y demuestra, por contraste, el poder invencible del amor.
La ilustración de la cubierta, creada por José Antonio Suárez Londoño, un tipo raro que dibuja en silencio y con los ojos casi cerrados, presagia lo que ha de ser este viaje hacia el lugar donde nadie nos espera.

Entre dos aguas nacemos y vivimos

Paco de Lucía, ese guitarrista sin deudas con el mundo, compuso hace décadas una rumba flamenca, Entre dos aguas, capaz de alegrar a la más lúgubre de las estatuas del Cementerio de San Pedro. Con un título parecido, el periodista Esteban Duperly se la mete toda a la escritura de ficción y se faja una novela plena del regocijo de la buena literatura.
En Dos aguas (Angosta, diciembre de 2018, 199 páginas), Esteban se inventa los encuentros y desencuentros de dos criaturas de las antípodas: el judío Bernhardt y el negro Boga. El agua dulce de los ríos se mezcla con el agua salada del mar mientras estos dos seres se arraigan a sus diferencias o se desenredan en sus semejanzas. Aunque lo disimula muy bien, a Duperly se le desborda la picardía en todo lo que dice o no dice, incluso en este breve texto de confianza y sobriedad. Un novelista es novelista, o no es nada. ¡Chapó, Esteban Duperly!

 

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