Las paredes hablan

Arte urbano
Las paredes hablan
En las distintas calles de El Poblado se observan paredes con coloridos y complejos diseños. Es el grafiti, una expresión que toma fuerza en Medellín

“¿Es esto una forma de arte? No lo sé. No soy crítico de arte, pero desde luego puedo asegurarles que es un delito”, dijo el detective Bernie Jacobs, de la policía de Nueva York, al interrogarle sobre los grafitis que invadían las estaciones del subterráneo, durante los años 80 cuando los vagones del tren recorrían la ciudad como un gusano la gran manzana.

Aunque históricamente el grafiti es una manifestación que se remonta a la antigüedad y las inscripciones en piedras de diversas civilizaciones, comenzó a popularizarse en medio de las manifestaciones juveniles en los años 60 y 70, cuando surgieron movimientos contraculturales en protesta por las ocupaciones militares, como la de Vietnam. Tras sucesos como los de “Mayo del 68”, cuando nacieron premisas como “prohibido prohibir” o “desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta”, los muros se convirtieron en lienzos donde se plasmó el pensamiento político de la época y de las nuevas generaciones.

“Hay varias maneras de tipificar el arte del grafiti. Hay un tipo de grafiti que es más esteticista que revolucionario. Pero indudablemente si este se hace con permiso es algo contradictorio por la naturaleza de la expresión, que es un fenómeno de protesta por alguna razón en particular. Es una manifestación anónima y allí radica su mayor expresión. En Medellín en los años recientes se le ha dado una relevancia a estos procesos del grafiti desde el reconocimiento público a ciertos grupos sociales”, anota Óscar Roldán, curador del Mamm.

En Medellín esta práctica se masificó en los años 90 cuando una multitud de jóvenes, inspirados por el movimiento Hip Hop y las pinturas en los vagones neoyorquinos y europeos, se tomó las calles para plasmar su arte. Incluso, en el momento de inauguración del Metro de la ciudad, fueron varias las paredes aledañas al viaducto del tren entregadas a los artistas callejeros, con el fin de prevenir la intervención del propio sistema de transporte.

El grafiti contemporáneo, más allá del contenido político en sus mensajes, es una propuesta estética gracias al color y abstracción de sus diseños. Lugares como el célebre y abandonado edificio Dallas, de la Avenida El Poblado; los muros aledaños del Museo de Arte Moderno, la vía Las Palmas, la carrera 80 y la Avenida Las Vegas, entre otros sitios, están bombardeados con estas pinturas.

Nosh 1, es un grafitero. Este es el seudónimo con que firma las paredes, pues prefiere mantener su nombre real en la clandestinidad. Para él, el anonimato es una de las virtudes del grafitero. Lleva una maleta con varias latas de aerosol y sus manos manchadas dejan ver el rastro de la pintura. La noche es su mejor amiga. Al caer la tarde emprende un viaje por la ciudad en busca de paredes que le sirvan de lienzo para plasmar su mensaje. “Estoy muy influenciado por el cómic y los diseños 3D. Además trato de dejar un mensaje con carga política, de crítica a la sociedad”, dice el escritor clandestino. “Lo malo es que muchas veces las obras duran muy poco tiempo, porque son borradas”.

“El significado del grafiti se da según el contexto. En una ciudad como esta, con una lógica e inclinación derechista, se dice que las paredes son el papel del canalla. Nos pueden parecer muy lindos los grafitis en New York, pero aquí no. Sin embargo, no se pueden hacer juicios a priori, pues se pretende reivindicar y generar espacios de reflexión estética”, señala Roldán.

Grafitour: el grafiti como memoria
En plena comuna 13, en el centroccidente de Medellín, las empinadas calles y estrechos callejones están atestados de grafitis. Como una estrategia para romper las llamadas barreras invisibles y provocar la visita de turistas se realiza el grafitour, una iniciativa de Jeison Castaño “Jeihhco” y Daniel Felipe Quiceno “Perro graffiti”, artistas y líderes sociales de la comuna 13, quienes invitan a hacer un reconocimiento del territorio por medio de las piezas de arte callejero.

“Es un recorrido histórico, estético y político que diseñamos. A través de grafitis, damos a conocer las historias que mueven e inspiran la esperanza y la búsqueda de mejores condiciones de vida para la comunidad, pero también contamos la historia de violencia e iniquidad en este territorio”, expresa Jeihhco. “El Grafitour es una invitación a no estigmatizar un territorio, pero también a reconocer los aspectos difíciles que han pasado y siguen pasando. Es una incitación a caminar la 13 con los pies, a verla con los dos ojos”, concluye.