Las Farc en la Casa de Nariño

 Por: Juan Carlos Franco 
 
Comprobado: Lo peor que le puede pasar a una guerrilla es lograr su meta de llegar al poder. Y lo segundo peor es caer en la irrelevancia.
¿Qué pasaría si por alguna pirueta indeseada del destino las Farc terminaran instaladas en la Casa de Nariño? ¿Cómo administrarían el día a día de la economía, las relaciones internacionales, la seguridad, las elecciones, etcétera?
Comencemos por la economía. Si se mantienen fieles a su ortodoxia comunista, lo primero que harían sería acabar con la propiedad privada. Empezando por la expropiación de compañías e inversiones extranjeras, muy en particular las estadounidenses. Probablemente las reemplazarían con inversión venezolana. Y claro, nombrarían a algún jefe de frente como presidente de Ecopetrol con la consigna de “repartirla” entre “todos” los colombianos.
El problema es que desde el mismo momento en que tomen el poder la confianza en la economía y en el país desaparecería en cuestión de horas. Habría una macro devaluación inmediata del peso. Y claro, muy al estilo reciente de Zimbabwe, prenderían la maquinita de imprimir billetes hasta que la inflación sea insostenible y tocaría empezar a manejar dólares de Estados Unidos. Toda una bofetada a la soberanía tan soñada por ellos.
Tratarían también, con desespero evidente, de mitigar la situación estableciendo controles de precios de productos básicos para “defender” al pueblo. Pero estos pronto desaparecerían de los supermercados (suponiendo que permanecieran abiertos) y el hambre acosaría a un segmento mucho mayor de la población. Bueno, probablemente Nicaragua ayudaría a sus hermanos en un momento de necesidad con unos cuantos kilos de… café, banano y azúcar.
Los medios de comunicación que trataran de informar sobre esta situación podrían ser intervenidos o cerrados por traición a la patria. Claro, serían reemplazados por otros medios más “objetivos” y con mayor “dignidad”, como Voz y Telesur. Y en lugar de las emisoras actuales con sus Julitos y Daríos, escucharíamos todas las mañanas a Resistencia llenando de alabanzas al régimen.
¿Cómo manejarían por ejemplo, un paro camionero? ¿Es más, permitirían paros o huelgas? ¿Permitirían marchas en su contra?
¿Es más, cómo reaccionarían si se forman guerrillas clandestinas en su contra? ¿Las comprenderían y tolerarían solidariamente, pues ellas mismas -las Farc- hasta hace muy poco habrían estado en la misma situación? ¿O reaccionarían duramente, al mejor estilo Uribe-Santos, justamente emulando lo que con tanta pasión critican?
¿Y como dicen ser tan democráticos, es de suponer que permitirían elecciones libres, tanto para presidente como para congreso, alcaldes y gobernadores, de acuerdo? ¿Y qué pasaría entonces si pierden, entregarían dócilmente el poder? ¿O nos deberíamos preparar para un período ligeramente más largo, como el de Fidel o los “amados” líderes en Corea del Norte?
En fin, es evidente que una situación como esta, en las que se les cambie de un momento a otro su papel de destructores por el muchísimo más complejo de constructores, y con el mundo entero observando y juzgando, sería funesta para una guerrilla como las nuestras. No nos lo dicen, pero íntimamente deben tener el deseo de que nunca ocurra… lo cual los condena a la irrelevancia, que es lo segundo peor.
O sea, darles el poder sería la mejor manera de desaparecerlos para siempre. Un pensamiento tentador, lástima que el ensayito nos dejaría el país postrado en la miseria más absoluta y con menos soberanía que nunca.

franco.jc@vivirenelpoblado.com