Las dietas y la falsa esperanza

Todos los días vemos en algunos medios de comunicación, a través de imágenes que van quedando grabadas en la mente de las mujeres que construyen su autoimagen, cómo se promueve el ideal de belleza delgado impuesto por modelos foráneas, imposible de alcanzar por mujeres latinas por las características de nuestra raza, mezcla de indígena, negra y mediterránea.

La industria de las dietas promete “rápida, fácil y dramática pérdida de peso”, y hace propaganda de sus productos, a través de los mismos medios de comunicación que promueven la delgadez, no solo seducen a las mujeres con expectativas irreales acerca de la pérdida de peso, los métodos y los beneficios que puede traerles, sino que van más lejos haciendo creer que la pérdida de peso mejora su existencia.

Las mujeres en nuestro medio, insatisfechas con su figura corporal que no encaja, ni va a encajar en el ideal de belleza contemporáneo, seducidas por la propaganda, cambian permanentemente de estrategia para adelgazar; esto explica porqué las mujeres a pesar de que fracasan constantemente con la “dieta”, persisten y experimentan con el nuevo método.

En nuestra cultura, además del ideal estético, la delgadez de las mujeres se interpreta como “el autocontrol, la disciplina, el trabajo duro y el éxito”, mientras que aquellas que no lo logran, se consideran mujeres “perezosas, carentes de voluntad, autoindulgentes, incluso irresponsables”.

La presión por un ideal de belleza inalcanzable y la seducción con el último método para adelgazar, dio origen al síndrome de la falsa esperanza, por el cual las personas que hacen dietas muy restrictivas, creen perder más peso, más rápido y más fácil de lo que es posible; esto las lleva a establecer metas inalcanzables, caen en la desesperanza que en algunos casos las enferma y casi nunca, logran el anhelado ideal de belleza.

Desde Red de prevención de la anorexibulimia, invitamos a las mujeres a reconocer su propia forma corporal, a establecer medidas de autocuidado razonables, basadas en la moderación en la comida y una práctica de actividad física que les sea posible, a aceptarse tal como son y pueden ser y a liberarse de la esclavitud de las dietas que la industria y algunos medios nos imponen, con la que el 33% de las mujeres escolarizadas de la ciudad de Medellín están en riesgo de enfermarse de anorexibulimia.