Las carreras de carros

Las carreras de carros
El aumento de la velocidad, así sea solo en 5 km/h disminuye la posibilidad de detener un vehículo o modificar su trayectoria exitosamente en caso de peligro

Uno de los argumentos con los que se promueve la compra de carros particulares es la capacidad de aumentar la velocidad en el menor tiempo posible. Usted seguramente lo habrá oído o leído: de 0 km/h a 100 km/h en tantos segundos. Es lo que en la calle llaman pique. Esa capacidad de aceleración es cada vez mayor. Basta comparar el carro que tiene hoy con el que tenía hace 10 años. De ahí que a los expertos en seguridad vial no les extrañe que cada vez más el exceso de velocidad al conducir es una causa de accidentes, tantas veces mortales.
La instalación de cámaras para medir la velocidad a la que se desplazan los vehículos en Medellín, es una respuesta de las autoridades a este creciente problema. Las protestas airadas de los conductores que dicen que 60 km/h es muy poco como límite máximo de velocidad en zona urbana, solo le dan más fundamento a la drasticidad en el control.
Para entenderlo, buenos son los resultados de una investigación hecha por la Universidad de Adelaida para la autoridad de tránsito de Australia. Midieron el riesgo relativo de colisión según la velocidad a la que se desplazan los vehículos y encontraron que si se considera ese riesgo a 60 km/h, para duplicarlo no hay que conducir a 120 km/h. El riesgo de colisión se duplica con solo aumentar la velocidad en 5 km/h, es decir, si a 60 km/h el riesgo es uno, a 65 km/h el riesgo relativo de chocarse es el doble.
Eso ayuda a explicar, para los que siguen reclamando, porqué la velocidad máxima permitida en zona urbana es de 60 km/h. No se trata de un número arbitrario.
La tabla de riesgo relativo de sufrir un accidente serio, quizás fatal, sube de manera exponencial a medida que se pisa el acelerador. Al manejar a 70 km/h en una zona cuyo límite máximo es 60 km/h -por las características técnicas de la vía- ese riesgo es cuatro veces mayor, y al acelerar más, hasta 80 km/h, ya hablamos de un riesgo 32 veces mayor.
¿Qué significa eso? Que el aumento de la velocidad, así sea solo en 5 km/h disminuye la posibilidad de detener un vehículo o modificar su trayectoria exitosamente en caso de peligro. En la medida en la que se pisa el acelerador, disminuye la capacidad para reconocer el peligro, decidir qué hacer (como frenar o cambiar de dirección), y ejecutar esa acción. Y a eso hay que añadir que entre más rápido se desplaza un vehículo, es más difícil controlarlo.
Ese aumento exponencial del riesgo relativo también afecta la fuerza del impacto en caso de choque. Para eso hay que tener en cuenta una variable más, y es la distancia de frenado. A 60 km/h se necesitan 38 metros para frenar, distancia que se agranda en la medida en la que se acelera, a la vez que, en caso de choque, incide en la fuerza del impacto. Por ejemplo, un choque a 70 km/h tiene dos veces la fuerza de impacto de uno a 50 km/h. La magnitud de ese golpe aumenta según el cuadrado de la velocidad de impacto.
Finalmente, según los investigadores australianos, como el aumento de velocidad disminuye la capacidad de reacción, se puede hacer la analogía con el consumo de alcohol: manejar a 65 km/h en una zona de 60 km/h es como llevar una concentración de 0,05 alcohol en la sangre. Si la presencia de alcohol es real, y se suma al exceso de velocidad, las consecuencias, más allá de tablas y cálculos, son casi siempre fatales.