La Zona Rosa sigue expulsando residentes

Según el diagnóstico del Plan Poblado, realizado a finales de 2004, la Zona Rosa constituía “el generador de los mayores impactos negativos sobre el vecindario residencial, debido a la alta concentración de establecimientos con venta y consumo de licor, pero sobre todo, al incumplimiento de normas de adecuación de locales, de funcionamiento, y a las deficiencias en el control de las autoridades competentes.”

Un año después, a pesar de que se crearon espacios de concertación entre residentes y comerciantes asociados, se intensificaron los controles e incluso se sancionó a varios establecimientos por no cumplir con los compromisos pactados, la situación parece no haber cambiado mucho para los residentes de los edificios que lindan con la Zona Rosa, en la calle 7, después de la quebrada La Presidenta.

Los residentes sí se están yendo

Los altos niveles de ruido, la saturación del espacio público y los problemas de movilidad son las principales causas de que los residentes se vayan del sector, explica Javier Echeverri, miembro del Consejo de Administración del Edificio Plazuelas.

Precisamente, Plazuelas, un conjunto residencial de 139 apartamentos, presenta una desocupación del 30% por estos problemas. Y aunque el porcentaje de vacancia para los otros edificios del sector es menor, de 1 a 3 apartamentos, el malestar es similar.

La incomodad de los vecinos

Según Elizabet Romero, administradora de Vegas de Catay, aunque la rotación en el edificio ha sido baja, de 60 apartamentos solo hay 3 desocupados, el ruido de la Zona Rosa ahora comienza desde los miércoles y sigue perturbando a los residentes.

Igual sucede en Jardines de Catay, un edificio de 26 apartamentos, de los cuales el 90% son ocupados por adultos mayores. “El problema del ruido ha disminuido en el último semestre, pero es mayor a medida que avanza la noche”, afirma su administradora Luz Helena de Johnson.

Elvia Lucía Campos, administradora de Florida Verde, explica que hace 3 años, cuando comenzó el auge del Lleras nocturno y no había controles estrictos a los establecimientos, muchos residentes se fueron. Hoy la situación se ha estabilizado; solo hay desocupados 2 apartamentos. Pero ahora el problema son los clientes del sector, que una vez cierran los negocios, le suben el volumen a los equipos de sonido de sus vehículos y se quedan en la calle hasta la madrugada. Esta situación afecta a 24 apartamentos, de los cuales el 80% de sus residentes son adultos mayores.

Para Javier Echeverri, del Edificio Plazuelas, estos problemas han desvalorizado el sector a tal punto que ahora un apartamento vacante tarda hasta 3 meses para ser ocupado.

Los residentes solicitan controles más estrictos y continuos de parte de los comerciantes y las autoridades, porque consideran que después de tanta paciencia ya es hora de soluciones definitivas.