La vida es digna de ser vivida

En algunos momentos de nuestra existencia enfrentamos escenarios adversos que nos llevan al límite de la desesperanza y la impotencia, instantes en los que empieza a rondar en nuestra cabeza la idea de la muerte como salida y descanso a nuestra insufrible realidad; estos estados se caracterizan por la ineludible pregunta por el sentido y la razón de la vida, y si esta interpelación no se devela adecuadamente, es muy probable que la situación se agudice y empeore.

Esta verdad no es ajena a ninguno de nosotros. Hoy más que nunca se hace vigente la propuesta de Viktor Frankl, doctor en Medicina, nacido en Viena, sobreviviente de los campos de exterminio nazi, desde 1942 hasta 1945. Frankl experimentó la destrucción de su hábitat y el asesinato sistemático de sus seres queridos, su esposa padres y familiares. De manera sorprendente y debido a su fuerza interior, en vez de sumirse en la oscuridad del sinsentido, fundamentó una propuesta revolucionaria diferente a la psicoterapia, denominada Logoterapia o terapia basada en el sentido. Su primer libro: “El hombre en busca de sentido”, partió en dos el análisis existencial del ser humano y recibió un verdadero reconocimiento mundial después de su primera edición en 1946.
No obstante las circunstancias que forjaron su obra, su invitación está llena de esperanza, un mensaje colmado de positivismo sobre la capacidad innata que posee todo ser humano para vencer todas las fatalidades y edificar una vida con sentido, no solo para sí mismo sino para los demás.

Su propuesta plantea de forma radical que lo que necesitamos es un cambio sustancial en nuestra actitud frente a la vida, pues lo que en realidad importa no es lo que la vida nos pueda brindar sino, más bien, lo que podemos nosotros ofrendarle a ella. En su primer libro, el doctor Frankl narra que observó algo sorprendente en todos los campos en los que había sido confinado: había siempre un grupo de hombres –aunque pocos– que iba de barrancón en barrancón alentando a los demás, compartiendo el último trozo de pan que le quedaba; argumenta Frank este ejemplo para probar y sustentar su teoría de que a los hombres se nos puede despojar de todo excepto de la libertad para decidir nuestro propio camino. Su señalamiento es revelador e inspirador: es una invitación a que todo hombre recuerde que sin importar lo difícil, doloroso, o complejo de las circunstancias, tiene en su corazón el poder de elegir su actitud frente a ellas.

Cualquiera que sea nuestra situación o circunstancia actual, es válida e innegable la pregunta y la búsqueda por el sentido. Existen en nuestra ciudad algunos logoterapeutas que fundamentan su ejercicio en la propuesta del doctor Frankl, ejerciendo un original servicio en esta línea tan necesaria en nuestro tiempo lleno de sucesos irracionales y absurdos.
opinion@vivirenelpoblado.com