La Torre de la Venganza

 Por: José Gabriel Baena 
 
La fastuosa inauguración de la gigantesca Torre Jalifa en Dubai, a principios de enero, con sus 828 metros de altura, nos enseña una vez más y quizá por última, acerca de la presunción del miserable mamífero humano de acercarse al cielo mediante una “construcción”. Casi diez años después de la destrucción de las Torres Gemelas por los comandos árabes enloquecidos en su “guerra santa”, presagio del Apocalipsis, de la cual no aprendimos absolutamente nada, son ahora los propios árabes los que le ponen a Occidente en bandeja de plata la oportunidad de su desquite. Las venganzas refinadas son una de las más altas y artísticas pasiones de los hombres –estudiadas por Shakespeare implacablemente en sus tragedias, y la Torre Jalifa es desde ya sin duda el blanco perfecto para una operación justiciera sin precedentes en la historia. Lo más curioso es que hayan sido los árabes –con la ingeniería digital de sus odiosos enemigos cristianos- quienes se hayan atrevido a levantar esta mole abrumadora en ese desierto refulgente al borde del mar, donde hace diez años sólo se paseaban los escorpiones. Dubai creció de la nada y en esa misma nada arenosa se sumirá en los últimos 666 días que ya están pesando los ángeles en su balanza, dicen las profecías.
La “torre” como estructura arquitectónica siempre ha sido un atrayente motivo para escrituras y leyendas de misterio y hechizo. La brevedad de esta espacio sólo nos deja recordar –y es suficiente- las referencias bíblicas a la torre de Babel, de la cual se encuentra en Persia (o Irán, cerca de Bagdad) su ruina convertida en una montaña de ladrillos fundidos al sol, cuya base tenía unos 90 metros, por otros 90 de altura. Parece ser la ruina más certera, de unos 2.500 años antes de Cristo. La otra “torre” o “imagen” de una estructura gigantesca en la Biblia aparece en el Libro de Daniel, el profeta judío, quien deportado a Babilonia durante el imperio de Nabucodonosor II se ofrece para revelar e interpretar un sueño inquietante del denominado “rey constructor”. Vertamos al lenguaje de este tiempo el sueño del monarca y su “lectura clínica” por Daniel, quien habla con él:
“En cuanto a mí, este misterio me ha sido revelado no porque yo tenga una sabiduría superior a la de todos los vivientes, sino para que se ponga de manifiesto al rey la interpretación, y así conozcas los pensamientos de tu corazón. Tú, rey, estabas mirando, y viste una gran estatua. Esa estatua, enorme y de un brillo extraordinario, se alzaba delante de ti, y su aspecto era impresionante. Su cabeza era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus caderas, de bronce; sus piernas, de hierro, y sus pies, parte de hierro y parte de arcilla. Tú estabas mirando, y de pronto se desprendió una piedra, sin que interviniera ninguna mano: ella golpeó la estatua sobre sus pies de hierro y de arcilla, y los pulverizó. Entonces fueron pulverizados al mismo tiempo el hierro, la arcilla, el bronce, la plata y el oro; fueron como la paja en la era durante el verano: el viento se los llevó y no quedó ningún rastro. En cuanto a la piedra que había golpeado la estatua, se convirtió en una gran montaña, y llenó toda la tierra”.
Daniel no duda hábilmente en convencer al Rey de que él, Nabucodonosor, es la cabeza de oro de la estatua, y que las partes inferiores serán reinados, reyezuelos, muchos siglos después. “Y en los días de estos reyes, el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido y cuya realeza no pasará a otro pueblo: él pulverizará y aniquilará a todos esos reinos, y él mismo subsistirá para siempre porque tú has visto, que una piedra se desprendía de la montaña, sin la intervención de ninguna mano…”
Con la ayuda de los computadores más poderosos del mundo fue diseñada la Torre Jalifa, dice uno de sus constructores, “pensada científicamente para engañar al viento”. Pero no mencionaron que un demente científicamente entrenado por la CIA puede volar la torre con un solo misil lanzado desde un jeep. Y “el viento se llevará sus restos hechos polvo y no quedará ningún rastro”. En diciembre, un terrorista suicida de Al-Qaeda eliminó a los 7 principales agentes de la CIA en Afganistán. La CIA dijo, escuetamente: “Nos vengaremos”. Allí está la venganza, servida en plato frío. Yo, José Gabriel de Baena, descendiente de Daniel por los judíos españoles de Córdoba, y siervo del Innombrable, registro esta revelación en tiempos del último Rey de los Cristianos.

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