La pesadilla del Zolpidem

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Una pastilla de venta libre y en apariencia inofensiva está causando estragos en muchos de quienes la consumen. El toxicólogo Hugo Gallego desata la alerta

18 años de la vida profesional de Ana* se fueron por la borda. Desde enero, esta abogada de 51 años, con dos especializaciones, tiene pensión por invalidez. La causa es un medicamento, aparentemente inofensivo, que se vende sin fórmula médica y cuyo uso cada vez está más extendido: Zolpidem. En El Poblado, por ejemplo, en cualquier farmacia se pueden comprar 10 pastillas por 14 mil pesos, aunque se asegure en su caja que su venta es “bajo estricta fórmula médica”.

La pesadilla de Ana empezó en el 98, cuando un amigo médico le recetó unas pastas para dormir mejor. Estaba cansada de estudiar y trabajar y necesitaba tener sueños reparadores para rendir intelectualmente. Se tomó una píldora al día hasta 2005, cuando se cambió al Zolpidem, su medicamento genérico, muchísimo más barato. Comenzó a aumentar la dosis progresivamente porque no le bastaba una pastilla. Cuando menos pensó, se estaba tomando más de siete píldoras al día y pasaba, incluso, seis días sin dormir.

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“Los efectos del Zolpidem fueron horribles”, cuenta Ana, quien recientemente estuvo recluida mes y medio en un centro para la desintoxicación y recuperación de adictos. Quiere que su experiencia alerte a otros para que no conviertan su vida en un infierno. “Era una gran lectora y se me empezó a olvidar todo lo que leía. La lengua se me volvió pesada y nadie me entendía, pese a que siempre había sido de habla muy fluida. La visión se me puso borrosa, me dio ataxia de la marcha y me tropezaba y me caía al suelo, así no hubiera obstáculos. Cada vez eran más frecuentes las crisis de ausencia, lapsos en que no sabía quién era, y personas desconocidas tenían que llamar a mi familia para que fueran por mí a un lugar al que no sabía cómo había llegado. Me aislé, me deprimí, no quería hablar ni salir de la casa. Entré en un círculo vicioso: me tomaba varios Zolpidem, me calmaba, pero no dormía. Sabía que que estaba abusando de esa droga y en 2010 busqué ayuda médica”.

Hoy, aunque Ana avanza satisfactoriamente en su desintoxicación y ha recuperado un poco la memoria y la capacidad de concentración, sigue en el proceso de duelo por la pérdida de su trabajo. “Lo más grave es que el Zolpidem lo están tomando muchas personas: profesionales, funcionarios, estudiantes. Los jibaritos son los mismos de las farmacias. A mí me llamaban a decirme que me iban a mandar cinco cajas que porque ya se estaba agotando, y yo, como cualquier drogadicto, las escondía de mi familia”.

“Se me iba la onda”

Miguel* tiene 31 años. Es profesional, profesor universitario y toma Zolpidem.
Su adicción empezó hace siete años. Llevaba varios días de extenuantes jornadas de trabajo y amanecía muy cansado porque no dormía bien. En una farmacia le recomendaron Zolpidem. “Uno asume que si ofreciera algún peligro sería una droga de control, pero no, supuestamente no producía adicción. Como tengo comportamiento adictivo, seguí tomándola hasta llegar a 40 pastillas en el día. Ya no me daba sueño sino que me ponía activo y me quitaba inhibiciones. Tomarse un Zolpidem era como tomarse cinco aguardientes”.

Surgieron las consecuencias. “Pérdida de la memoria y se me iba la onda al hablar. Me acostaba a las 10 pm. bajo el efecto del Zolpidem y a las 7 am. ya tenía síndrome de abstinencia: sudoración profusa, malestar general, diarrea y congestión nasal. Me di cuenta de que todas mis conductas dependían del Zolpidem, que le estaba dando más importancia que a la comida; supe de una joven que se murió por tomarse seis Zolpidem con media de aguardiente y yo también le mezclaba alcohol. En 2010 empecé el proceso para dejarlo y ya voy en tres pastillas al día”.

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*Nombres cambiados por solicitud de los pacientes.


“De dulce sueño a amarga pesadilla”

Así advierte sobre el Zolpidem el médico toxicólogo, profesor de la Universidad de Antioquia y director de la Corporación Paso a Paso, Hugo Gallego. “Cada día aparecen más casos de personas adictas y esclavas del Zolpidem.

Está de moda automedicarse y recomendárselo a otros, pues tiene fama entre la gente y el gremio médico de que es muy bueno para inducir el sueño y que no causa dependencia. Esto último no es cierto. Como tiene venta libre, es aún más atractivo para su consumo y no se advierten los riesgos de una mala utilización. En sobredosis puede causar la muerte o mezclado con sedantes, tranquilizantes, antidepresivos o alcohol”.

Según MedlinePlus, de los Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos, el Zolpidem es un sedante hipnótico que enlentece la actividad del cerebro para facilitar el sueño.

Hugo Gallego indica que el medicamento Zolpidem “actúa sobre un receptor en el cerebro que se llama receptor benzodiacepínico aumentando su acción; esto aumenta el efecto del neurotransmisor Gaba, que es depresor, y produce disminución de la ansiedad e induce el sueño”.

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Agrega que debe prescribirse por cortos períodos (de cinco a siete días) porque el efecto sobre la inducción del sueño puede desarrollar tolerancia. “Hay personas que terminan tomando hasta 70 pastillas diarias. Se vuelven ansiosos, irritables, raramente eufóricos y con la necesidad permanente del medicamento”.


Zolpidem: adicción iatrogénica

Este medicamento apareció en Europa a finales de los 80, en los Estados Unidos en 1993, y en Colombia hacia el año 2000.

Los especialistas clasifican la adicción al Zolpidem dentro de las conductas adictivas tóxicas iatrogénicas. Según la Real Academia Española, iatrogénico o iatrogénica es “toda alteración del estado del paciente producida por el médico”. Algunos sitios médicos en Internet matizan esta definición y especifican que “iatrogénico es todo síntoma, enfermedad o efecto adverso producido involuntariamente por la aplicación de un tratamiento médico o por la residencia en un entorno hospitalario”.

Según estudios médicos estadounidenses, en ese país mueren más personas por sobredosis de fármacos que en accidentes de tránsito. En 2008 la intoxicación se convirtió en la causa número uno de muerte en 30 estados; el 90% de los casos estaba vinculado con sobredosis por medicamentos adquiridos con receta. Mientras en 1980 se produjeron cerca de seis mil muertes por intoxicación con fármacos, en 2008 fueron 36.500. “La negligencia de algunos médicos irresponsables a veces resulta más peligrosa que los mismos traficantes de drogas. Sin embargo, los mismos pacientes deben entender que tales medicamentos tienen riesgos y por eso hay que estar atentos y no abusar de las sustancias peligrosas”, advirtió en un publicación científica el director del Centro Médico de Florida, Jeffrey Bernstein.


Para dormir mejor

Hay varios hábitos y recetas que los expertos recomiendan para dormir mejor, sin necesidad de tomar pastillas.

Entre estos están ingerir leche caliente, aromáticas de cilantro, tomillo y cidrón, practicar ejercicios de respiración profunda, hacer yoga, tener actividad física y leer un buen libro. Así mismo, el médico toxicólogo Hugo Gallego aconseja “disfrutar de una buena tertulia, un buen compartir en familia, abrazar y besar a los hijos, evaluar el día y descubrir que estuvimos y estamos felices y satisfechos”.


Conductas de riesgo

Las conductas de riesgo son determinantes para el mal uso del Zolpidem. El toxicólogo Hugo Gallego indica: “Cuando la persona es compulsiva para tomar medicamentos, para comer, cuando es muy ansiosa, muy inmediatista, hace que se desarrolle una conducta adictiva y termine abusando del medicamento. Por eso, no todas las personas son candidatas a tomarlo. Debe ser medicamento de control para que se tenga más responsabilidad y compromiso al formularlo”.

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