La noche del parque de El Poblado

consumir licor parque de El Poblado
Grupos de ciudadanos han hecho eventos como la "cervezatón" para protestar contra la prohibición del consumo de licor en el espacio público. Foto: Alejandro Álvarez

Llamarlo “toma” sería denominar el encuentro como un evento imperativo, agresivo, soberbio o invasor; llamarlo “manifestación” sería peor aún, sonaría a resentimiento, se tomaría como incómodo, protestante o contestatario y ninguno de estos apelativos aplica a este sentido reencuentro, al que asistió de manera expectante, calmada y diligente, mucha de la gente más positiva y bacano-pensante que tiene esta ciudad.

Por: Luis Fernando Gil Franco. Publicista

Viví y observé La Noche del Parque, la del sábado 13 de abril, como buen vecino de la parroquia. Viví y observé el Encuentro de Egresados del Parque de El Poblado, como lo llamó Tati Mejía, la autora del afiche de convocatoria y a quien imagino una de las ideólogas del reencuentro. Viví y observé La Noche del Parque como una cofradía de inquietos creativos, como la fraterna reunión de “montones” de discretos talentos, como la congregación de una “gallada” sobria de gente linda e interesante, como una paradójica y ejemplar demostración de la alegría plena, sin excesos, “visajes”, alharacas, bulla o rimbombancia.
En La Noche del Parque, se valió tomar, fumar, hablar, reír, y amar al aire libre de todo mal y peligro, hubo libertad y mesura de movimiento y conducta, el diálogo entre amigos se dio de pie en los andenes, en la penumbra fría y sobre el asfalto mojado e iluminado por el reflejo de los bombillos.
Todo estuvo dispuesto a favor de la magna congregación (gracias Doña Patricia, la de la Carpita Roja), todo estuvo en orden y a la orden de una “muchachada” adulta, sedienta de amistad, abrazos, cerveza y noche de tertulia y de “carreta”.
En La Noche del Parque el principal protagonista fue el otro, la otra, los otros, los amigos, o sea, ese puñado de “parceros” de siempre.
En la Noche del Parque, la mano se quedó corta, el saludo fue el abrazo prolongado con susurro de expresiones gratificantes y emocionantes bienvenidas al corazón amigo que “hace rato no veía”.
Gracias a la autoridad por cuidarnos, sin evidenciar la vigilancia, gracias por ese let it be que nos brindaron, gracias por dejarnos ser; La Noche del Parque, la misma que con su licencia volveremos a vivir, otra noche de estas.
En La Noche del Parque, todo el mundo se manejó bien… (“hasta la lluvia que llegó un poco tarde para darle el tono romántico a ese gran momento de juvenil bohemia”).

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