La nata contaminada que flota sobre El Poblado

Un amasijo de tráfico desbordado, edificaciones, irresponsabilidad humana y condiciones topográficas se confabulan contra la calidad del aire que respiramos
Por Fernando Cadavid

< José Fernando Jiménez, de la Facultad de Minas

La imagen asusta: un manto de humo serpentea sobre la comuna 14, con un mensaje asfixiante para sus habitantes. Proviene del incendio en los bosques de Santa Elena, que durante la última semana de junio convirtió en cenizas parte del verde purificador de sus laderas. El video sintetiza dos horas de grabación (time lapse), para enseñar cómo los aires que recorren el valle, de norte a sur, distribuyen la humareda. Si eso se percibió en tan poco tiempo, ¿qué pudo pasar durante los diez días de la quema? La pregunta desvela al profesor José Fernando Jiménez, del grupo de investigadores de Meteorología Urbana, de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional.

Es el mismo estudioso que llueve sobre mojado cuando afirma que las emisiones de gases y partículas, producto de la combustión del tráfico vehicular, nos está intoxicando. Según Jiménez, en el sector que va del centro hacia el sur del área metropolitana es donde se concentran más vehículos por unidad de área. En El Poblado se agrava la situación con la cercanía de las vías arterias: la Regional, la Autopista Sur, Las Vegas y la avenida El Poblado. “Prácticamente de la calle 5 hacia el sur, el embotellamiento es casi permanente; además, nuestra cultura promueve el uso intenso del vehículo”.

El estudioso se detiene en este análisis: para que un carro arranque debe aumentar el consumo energético, pues al frenar y acelerar aumenta la emisión de contaminantes a la atmósfera. “Es increíble: en promedio la eficiencia de un vehículo es del orden del 30 %, o sea que de 100 unidades de energía que le meto para que ruede, solo 30 se convierten en transporte neto; lo otro, el 70 % restante, es energía que liberamos a la atmósfera en forma de calor, ruido, vibraciones, etcétera, y eso va acompañado de moléculas nocivas”, explica.


Hay otra estación en el Politécnico J.I.C., para medir contaminación en la vía regional

Acerca del comportamiento de la polución, el profesor Jiménez hace más gráfica su explicación: Montañas y valle estrecho generan mayores contaminantes atmosféricos, que circulan con dificultad. El viento los debería barrer, pero hay factores agravantes como la altura de los edificios que obstaculiza este ejercicio. Además, los primeros metros de la atmósfera urbana están muy contaminados y también entorpecen la circulación del aire; lo enredan.

Para Iván Sarmiento, director del Departamento de Ingeniería Civil, de la misma Facultad y experto en movilidad urbana, en la comuna 14 circulan muchas volquetas y carros grandes, que emiten contaminación a ojos vistas, sin mucho control. Consultado por Vivir en El Poblado, precisa: “Mi percepción es que en El Poblado se realizan muchas construcciones, sea de edificaciones u obras viales, las cuales requieren materiales de construcción, la mayoría de los cuales deben ser transportados en volquetas. Según el Área Metropolitana (en el Valle de Aburrá operan) unas 8.000 volquetas que diariamente, según el plan de Manejo de Residuos Sólidos de Medellín, transportan un promedio de 8.000 toneladas de escombros (…). En todo caso, todo viaje cargado lleva asociado un porcentaje a veces alto de viajes vacíos en el sentido contrario”.

Se doblará el número de carros
En relación con el control a volquetas, la abogada Isabel Cadavid, de la secretaría de Movilidad de Medellín, advierte que para ellas no existe un programa especial de chatarrización. Se cumplen tareas de vigilancia, al igual que al resto de automotores, para controlar su peso, que circulen por sectores autorizados, que la carga se mueva en condiciones adecuadas, que el conductor tenga la categoría de licencia y documentos en orden y que la revisión técnico mecánica esté actualizada.

Agrega que en el lugar de las obras hacen presencia los agentes del tránsito para ejercer estos controles, pero más allá no existen otras exigencias porque son de la órbita del Ministerio.

Sobre el desborde del parque automotor, Sarmiento precisa: “Es sabido por muchos que nuestro nivel de motorización en Colombia, e incluso en el Valle de Aburrá, aún es bajo respecto a valores internacionales de países industrializados. La tasa de autos particulares es de 100 autos por mil habitantes, y si incluimos las motos estamos en unos 190 vehículos por mil habitantes, y si incluimos (otros) motorizados (taxis, volquetas, buses), estaremos cerca de los 200 por mil habitantes, cuando las tasas internacionales muestran valores entre 500 y 700 vehículos por mil habitantes. Todavía nuestro potencial de crecimiento de motorización es grande y puede duplicarse en 20 años e incluso triplicarse en 50 años. Actualmente el número de viajes comerciales de livianos en la ciudad está entre 20 y 25 % del tráfico (carros livianos que transportan mercancías o prestan servicios de reparación, etc.) y si sumamos los viajes escolares, de buses, de camiones pesados, el tráfico que no es particular supera el 30 %”. Añade que, al aumentar la motorización en general, los particulares no encontrarán espacio y habrá que restringirlos un poco para dar paso a la movilidad comercial (carga y servicios) y pública, esencial para la economía de la ciudad.

Por un transporte más limpio
La industria transportadora ha hecho esfuerzos por mitigar la polución, introduciendo cambios respecto a la tecnología que utilizan. Ahora todo vehículo que ingresa al parque automotor de servicio público colectivo debe estar homologado por los ministerios del Medio Ambiente y de Transporte. La implementación de la Norma Euro V reduce el nivel de contaminación en un 80 %, debido a que sus emisiones de gases son más filtradas, más compatibles con el medio ambiente y por tanto con el ser humano. Esta tipología de buses está dotada con un motor más complejo, con inyección electrónica. La explicación es del presidente de la Asociación de Transportadores del Valle de Aburrá (Asotransvaa), Juan Gonzalo Merino.

A su turno la abogada Isabel Cadavid explica que en la ciudad la desintegración física de buses, taxis y microbuses, está reglamentada por la Resolución 1131 de 2009. Se produce cuando estos carros cumplen su vida útil (veinte años), y deben salir del parque automotor rodante, para reponerlos con nuevos vehículos de alta tecnología y que no sean tan contaminantes. La desintegración de automotores se produce casi a diario, señala, pero no impacta en el número de aparatos en circulación, porque cada unidad que sale se repone de inmediato.

< Juan Gonzalo Merino, presidente Asociación de Transportadores del Valle de Aburrá

No es el caso del programa de racionalización, resultado de la implementación del sistema metroplús, del Programa del Transporte Público de Medellín (TPM) y de los cambios que traerá el tranvía.

En ese sentido, Juan Gonzalo Merino explica que en el Valle de Aburrá había cerca de 7.300 buses, busetas y microbuses (4.250 sólo en Medellín). En la primera racionalización salieron 255 vehículos y 415 en la segunda, para sumar 670 retirados, que dieron entrada a 253 buses para las cuencas 3 y 6. Este proceso se ha cumplido en los dos últimos años. Ahora bien, con la entrada en servicio del tranvía y los cables se pretende sacar otros 276 buses.


Reubicarán estación monitora
Los investigadores advierten: si no se dispone de estaciones bien ubicadas para monitorear la calidad del aire resulta imposible ubicar episodios críticos de contaminación, como el producido por el reciente incendio en las laderas de Santa Elena, que debió afectar en mayor medida a niños y ancianos. ¿Cuántas consultas médicas pudo originar ese episodio?

“Nosotros creíamos en algún momento que en El Poblado no había problemas de contaminación ambiental en la partes altas. Pero la estación llamada Une Poblado (al sur, por Loma de los Balsos), de la red de monitoreo de la calidad del aire, dio una sorpresa: los niveles de contaminación registrados no son bajos”, revela el docente José Fernando Jiménez.


Se propone instalar este equipo, hoy inactivo, cerca de la calle 10 con la Avenida El Poblado, para optimizar su uso

La estación está apagada desde el 15 de julio, porque debe ser reubicada, trámite que adelanta el Área Metropolitana. El profesor Jiménez sugiere que sea instalada en un sector más central (el ideal: calle 10 con avenida El Poblado). “Es que no conocemos los niveles de contaminación que están afectando al grueso de la población que circula por estas áreas. Estamos revisando la red de monitores y quisiéramos ver si la gente está respirando un aire más contaminado de lo que estamos detectando”, añade.

No es fácil encontrar un lugar de ubicación que ofrezca seguridad para los equipos. No hay cultura ciudadana para respetar la estación y se llevan o destruyen las partes exteriores del equipo. La idea es encomendarlo a alguna institución privada o pública, a la Junta Administradora Local o a una Junta de Acción Comunal. Pero se necesita una mayor disposición de la ciudadanía para permitir que queden bien ubicadas, en el lugar más representativo de donde están las personas.

Cuando una estación detecta un incremento súbito y sostenido de contaminación, la autoridad ambiental debe emitir la alerta respectiva. Pero sin instrumentos no existe tal posibilidad. “Por favor, ¡que nos ayuden!”, clama el investigador.