“La música te vincula”: Tita Maya

Tita Maya
Tras 34 años al frente de Cantoalegre, hoy Tita Maya está más dedicada a escribir y sintetizar sus aprendizajes como pedagoga musical.

La apasiona la música como creación colectiva y oportunidad pedagógica. Cantoalegre es el espacio que le ha permitido desarrollar su propuesta.

 

Por Claudia  Arias Villegas / claudia.arias@vivirenelpoblado.com 

Es Navidad y la agenda de Cantoalegre está llena. Su temporada de 42 presentaciones llega a diversos rincones de la ciudad, con un compromiso que no distingue entre barrios alejados de su sede en El Poblado o los centros comerciales. Tita Maya, su fundadora, sigue al tanto de los distintos detalles de la corporación cultural, si bien cada vez está más enfocada en los temas de pedagogía que tanto le gustan; hoy cuenta con el apoyo de su hija Lulú Vieira.

“Nací programada. Yo crecí en el Colegio de Música de Medellín y empecé a dar clases allí a los 13 años”. Se refiere a la creación de su mamá Marta Agudelo, de 1972 y aún vigente en la formación por medio de la música.

Ese era el camino, que Tita continuó al irse a estudiar iniciación musical con la pedagogía Orff a Austria, de donde regresó en 1984 a fundar Cantoalegre. Para lo que quería la inspiró Pro Música de Rosario, fundado en 1962 en Argentina: “Un grupo dedicado a la creación, investigación y montaje de la canción infantil, que solo se usaba para que los niños se fueran a la cama”.

Independientes, persistentes

Después de 34 años, Tita Maya mira el recorrido con alegría: “Han pasado por Cantoalegre más de 6.000 niños y jóvenes, cambiamos de generación cada cuatro años y cada una le va dejando información a la otra”. Destaca los lazos de amistad que se crean y cómo prima el sentido del bien común.

El repertorio de Cantoalegre está compuesto por canciones propias y prestadas, incluyendo de otros países e idiomas; además tienen una unidad de publicaciones editoriales, musicales, audiovisuales y de material didáctico, como productora independiente. Tita Maya destaca la labor digital de su hija Lulú, que les ha permitido llegar a lugares muy lejanos.

El balance es positivo, con frustraciones como la dificultad de trabajar desde lo público: “tenemos un sólido método pedagógico para compartir, pero la falta de continuidad de los gobiernos lo dificulta”. Dice que lleva una vida simple, tienen una sede en Santa Elena y disfruta pasando tiempo en el campo; colecciona juguetes desde hace años, ama cocinar, compartir con sus amigos y viajar.

¿Lo mejor de la música?: “Entender las armonías con la gente, la música te vincula y esto trae muchas satisfacciones”.

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