La espera no termina

Las torres 1, 2, 3, y 4 de Space siguen en pie…
La espera no termina
Estas son algunas historias de los habitantes de Space que hoy viven en la incertidumbre

Desde la noche del sábado 12 de octubre de 2013, cuando súbitamente se derribó la torre 6 del conjunto residencial Space, se sembró la incertidumbre entre sus habitantes. Mes a mes, el foco de la noticia ha cambiado: el rescate de las víctimas y la atención a los damnificados; en su momento la determinación de la Alcaldía para que fuera la Universidad Nacional la encargada de adelantar los estudios en el terreno; luego, la decisión de que no fuera esta sino la Universidad de los Andes; el resultado de los estudios, en fin, cada día con sus noticias y su afán.

Ahora el foco está centrado en la implosión de la torre 5 y en la respuesta que entregue la Alcaldía frente al recurso de reposición interpuesto por la constructora para impedir la demolición de las torres 1, 2, 3 y 4.

Entre tanto, la única certeza que tienen los propietarios de estas cuatro torres es el hecho de estar vivos y el mucho o poco aliento que tengan para enfrentar lo que pueda suceder en adelante, tras el limbo en que los tiene CDO. Estas son algunas historias de ciudadanos que pasaron de vivir en un tranquilo anonimato a protagonizar una historia que quisieran no haber vivido.


Nelson Vanegas, apartamento 911 de la torre 3

“Nunca recibimos la orden de evacuar, nos fuimos porque la situación lo demandaba. Desde ese mismo día quedamos por fuera de los apartamentos y así estemos ubicados en otros lugares no hemos podido recuperar nuestra vida cotidiana; para muchos ha sido como conseguir otro trabajo porque hemos tenido que dedicarle tiempo, esfuerzo y recursos a todo lo que nos ha traído esta situación. Luego de abandonar nuestros apartamentos, lo que siguió fue improvisar soluciones, una forma de vida nueva, una rutina absolutamente diferente. También ha sido un tiempo de aprendizaje, sobre todo en lo que significa ser humilde, en el sentido de aprender a recibir la ayuda incluso de los desconocidos; también hemos aprendido a pensar en qué es lo verdaderamente necesario.

En la medida en que ha pasado el tiempo hemos resuelto muchas cosas, pero es un reacomodo temporal y los lugares donde estamos viviendo no son nuestra casa, es difícil pensar que llegas a un sitio y que no es tu casa, incluso para mí fue más duro llegar a ocupar el apartamento que tuve que arrendar a raíz de la tragedia que el instante en el que tuve que entrar a mi apartamento de Space para hacer la mudanza; ese día del trasteo fue agrio, y tal vez el afán y la logística que ameritaba ese momento me quitaron la emotividad”.


Juan Camilo Martínez, apartamento 609 de la torre 4

“Ha sido muy complicado todo el proceso, pero sobre todo el primer día fue el más difícil. Yo rescato de esta situación que hemos vivido, la unión de los vecinos; he encontrado valores de comunidad: apoyo, solidaridad, el darse cariño y respaldo el uno al otro.

En este momento estoy viviendo donde mi novia y los enseres los tuve que guardar en un cuarto de la casa de una amiga. No entiendo cómo CDO no nos ha pedido disculpas ni perdón, deberían aceptar que el edificio fue mal construido y que incumplió con normas, deberían partir de ahí para decir ‘nos equivocamos’, pero no lo han hecho”.


Sonia Tamayo, apartamento 813 de la torre 3

“Queríamos mucho nuestro apartamento, nunca nos imaginamos que fuéramos a salir de esa unidad y menos en las condiciones en que nos tocó; nosotros compramos en obra negra y lo hicimos a nuestro gusto. Los primeros días, luego de tener que abandonarlo, nos fuimos para donde mi suegra, pero hoy vivimos en un apartamento que alquilamos. Esto es como cuando usted tiene un novio muy querido, termina con él y luego se consigue otro no tan querido, ahí uno comienza a comparar. Es que en Space había luz, aire, el sitio inigualable, el apartamento donde estoy ahora, ni siquiera es mío.

También me extraña la actitud del párroco de Marianito, Carlos Mario González. El día del suceso mucha gente se fue para el templo a refugiarse y él les dijo que no tenía autorización para que permanecieran allí (estaba lloviendo); en una misma noche la gente sintió que los despojaban de dos sitios. Nunca llegó a darnos apoyo espiritual, que era el que más necesitábamos; al mes, cuando hicimos una misa de conmemoración, tuvimos que hacerla en las afueras de Space, en pleno aguacero, mojándonos… ¡y saber que teníamos una iglesia a media cuadra! El sacerdote nunca dijo voy a hacer una misa por los fallecidos, voy a reunirlos para darles una voz de aliento, muchos de los de Space hemos hablado de eso, que qué tristeza la indiferencia del párroco ante la situación”.