La edad de la tierra

 
 
   
 
“La naturaleza colombiana genera muchas cosas, suelos, biodiversidad, paisajes magníficos, diversidad de climas pero también amenazas; aquí hay volcanes, derrumbes, inundaciones, maremotos, sismos, avenidas torrenciales” dice el ingeniero de geología y petróleos Michel Hermelin Arbaux. El grupo, con categoría A en Colciencias, llama más la atención por sus discusiones en desastres y fenómenos naturales, pero en las líneas de investigación desarrolla trabajos de geocronología, geología ambiental, ingeniería sísmica y procesos fluviales. “Cuando se trabaja en un desastre o en un tipo de evento que causa daños siempre hay que mirar las secuencias a través del tiempo. La geología es en cierta forma la extensión de la historia, en el sentido de que lo que no se encuentra en los registros históricos, la geología permite a través de las evidencias, los depósitos, las dataciones, dar ese dato cronológico”, explica. Alguien podría preguntarse la relevancia de estos datos, ¿para qué conocer la actividad volcánica en siglos pasados o para qué determinar los niveles de sismos en un sector? Pero antes de finalizar la pregunta, la respuesta se hace muy obvia: salvar vidas por medio de la prevención. Esta es una de las preocupaciones del grupo, poder poner a disposición del público toda la información que obtengan con sus investigaciones. En cuanto al volcanismo solamente, dice Michel Hermelin que hay unos 5 ó 6 millones de personas expuestas directa o indirectamente a sus efectos. Esta cifra es explicada por la ingeniera geóloga, profesora e integrante del grupo, Gloria Elena Toro Villegas, comentando que tenemos más de 40 volcanes activos en el país. Estudiar el comportamiento de los volcanes desde la prehistoria es uno de los temas en que ella trabaja actualmente.

Métodos y mediciones
Aunque ella tiene que admitir que Colombia no tiene equipos avanzados en geocronología, asegura que su grupo puede llegar a etapas avanzadas en la recolección de muestras para enviarlas a laboratorios en Estados Unidos. Sin embargo la recopilación de información es minuciosa, detallada y a escala minúscula. “Nosotros estudiamos los defectos que deja la fisión de átomos de uranio en los cristales. El uranio está en todas partes, es algo natural; en minerales como el circonio, apatita, vidrio volcánico. Una vez la roca se enfría se da la fisión que va dejando cicatrices en los cristales. Por medios ópticos estudiamos esos defectos cristalinos que nos sirven para determinar hace cuánto tiempo la roca está fría, o sea hace cuánto tiempo la roca salió de un volcán o hace cuánto la roca está en la superficie”. El grupo tiene también como método el paleomagnetismo. “El magnetismo actual del planeta es polo norte y polo sur, positivo y negativo, pero eso se ha invertido a lo largo de la historia del planeta, ha habido épocas donde se invierte el magnetismo y migra. Entonces se recoge toda una secuencia de rocas, digamos las que deposita un río, y se muestrean y se estudia su magnetismo para establecer una secuencia o cronología relativa”.

Predicciones racionales
La preocupación del grupo por poner la información afuera del mundo académico es más que válida. Estos eventos no se pueden predecir, pero conocer el pasado de nuestra tierra permite de alguna forma trabajar para que el desarrollo territorial y la planeación de vivienda se alejen de espacios que quedarían fácilmente atrapados en columnas de lava o nubes ardientes, terrenos propensos a sismos por encima de 8 en la escala de Richter o garantizar la adecuada infraestructura para soportar sismos recurrentes de menor grado. Dicen los expertos que podrían decirle a los municipios “por favor ahí no haga ciudades, tenga agricultura o cosas que se puedan evacuar fácilmente en un momento dado, pero no gente” ya que al presentarse una alarma volcánica por ejemplo no habrá erupción al día siguiente, así que la gente debe ser evacuada por lapsos muy largos y eso implica costos enormes para cualquier país. Así ellos ven la geología ambiental pensada para una planeación urbana segura y efectiva.
Aunque trabajan de cerca con instituciones como el Sinpad (Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres) y Dapard (Departamento Administrativo de Atención y Prevención de Desastres) dice Gloria Toro que nuestra cultura es de olvido, “tenemos recurrencias de eventos climáticos que no son anuales, entonces la gente ve un hermoso terreno y hacerle entender que no puede construir ahí porque está sujeto a inundación cada 15 años es difícil; cada 15 años vuelve y se queda la gente sin casas”. A esto agrega Michel Hermelin que el problema es de comunicación: “Desde el punto de vista científico con la gente común y silvestre es complicada, nosotros manejamos cifras distintas, pero el hecho de que una recurrencia de una erupción volcánica sea de cada 100 años no significa que usted la pueda ignorar. Acuérdese de Armero, fueron 23.000 muertos”