La danza de las garzas

 
 
   
 
Todos los días al finalizar la tarde, los habitantes y visitantes de la urbanización Sierra Blanca, en Llanogrande, son testigos de un espectáculo poco común. Desde minutos antes de las seis, más de mil garzas empiezan a llegar en bandadas a los dos eucaliptos que se irguen sobre una pequeña isla. Allí, en la mitad del lago que años atrás fuera criadero de truchas, las aves pasarán la noche protegidas de roedores, cazadores y del mismo hombre. Algunas llegan primero a la orilla, descansan, toman agua y reanudan el vuelo hasta alcanzar el nido. Simultáneamente, en otra orilla del mismo lago, una veintena de patos sigue hipnotizada el silbido de Alfredo Orozco, de oficios varios de la unidad residencial, quien les lleva a los alborotados palmípedos la segunda ración de maíz del día; del primer kilo dieron buena cuenta al desayuno. “Me reconocen, me ven bajar con la coca y se vienen detrás”, cuenta Alfredo con orgullo mientras los patos terminan su comida y se echan a nadar. Complementa este paisaje pródigo un cielo de azul intenso, donde una luna casi llena se asoma entre las copas de los árboles. Pero los pequeños paraísos a veces no lo son tanto, sobre todo para las garzas, a las que algunos enemigos visitan con frecuencia: tres aguiluchos que al llegar causan la desbandada. “El problema -añade Alfredo- es que cuando las garzas se esparcen ellos aprovechan para comérseles sus huevos”. Estar en la isla podrá protegerlas de ciertos males pero no de estas aves de rapiña.

Son lindas y problemáticas
La ornitóloga Ana María Castaño Rivas informa que las garzas de Sierra Blanca pertenecen a la especie Bubulcus ibis, conocida comúnmente como garza del ganado. “Es originaria del África y se ha dispersado por el continente americano donde lentamente ha ido colonizando las áreas que el hombre abre para la agricultura y a la ganadería”. Aunque considera que “los garceros son un espectáculo muy hermoso y ver llegar estas aves todos los días en grupos a descansar en un árbol es algo lindo que a todos nos gusta observar”, sabe que también pueden convertirse en un problema para los asentamientos humanos cercanos. Según esta ingeniera forestal, integrante de la Sociedad Antioqueña de Ornitología y de la Red Nacional de Observadores de Aves, “al defecar sobre el agua todo el tiempo en un lago tan pequeño como el de Sierra Blanca pueden incrementarse los niveles de contenidos orgánicos en el lago y eutroficar el agua, afeando el lago”. En otras palabras, hay un riesgo de que el exceso de materia orgánica en descomposición consuma todo el oxígeno del agua y, por tanto, no pueda haber peces ni plantas que vivan dentro del lago. “Como si fuera poco -continua la experta- se han reportado algunas bacterias que están en las aves y pueden afectar principalmente las vías respiratorias de las personas, entonces no es tan sano tener muchas garzas sentadas todas las noches en la ventana de tu hijo”.
De hecho, no todos los habitantes de Sierra Blanca ven a las garzas con buenos ojos: a algunos les molesta el olor de su excremento y protestan porque “tienen los eucaliptos acabados, convertidos en chamizos”. Al respecto, la ornitóloga Castaño advierte que “si se diera el caso en que la comunidad de Sierra Blanca viera en las garzas una problemática, al igual que con cualquier otro grupo de aves o de fauna silvestre, deben comunicarse con la autoridad ambiental correspondiente, en este caso Cornare, pues estos animalitos están protegidos por ley y nadie puede determinar su control sin un permiso”. Por lo pronto, recomienda mantenerlas a una distancia prudencial de las casas, “de modo que las disfruten pero no los afecten, procurar que las mascotas como los perros grandes y los gatos no las molesten pues pueden espantarse con el tiempo, evitar hacer mucho ruido en las noches y ojalá mantener luces bajas para que las aves puedan descansar, eso, claro está, sin mencionar que las personas no deben extraer polluelos o dispararles”.
Por último, invita a quienes deseen resolver dudas sobre estas y otras aves comunicarse con ella en sao@une.net.co