La ciudad es un compromiso colectivo


    La ciudad es un compromiso colectivo

    De la edición impresa (Edición 317)

    2006 será un año emocionante. Así terminó su intervención el Alcalde al presentar su informe anual ante el Concejo el pasado 30 de marzo. Eso mismo esperamos, un año emocionante que recordemos al futuro como parte del cambio hacia una nueva ciudad, esa, más incluyente, más educada, más justa, en fin, más cercana a ese ideal que todos tenemos de la ciudad en la que nos gustaría vivir, eso sí, muy distante de esta en la que vivimos ahora.

    No se trata aquí de hacer un recorrido punto por punto por las palabras del Alcalde aquella mañana; sus cifras pretendieron demostrar, con datos y hechos construidos, que su administración ha sido mejor de lo que sus contradictores dicen. Y a propósito de esto último habría que pensar si esas voces, tan sonoras y con tanto eco a veces, son justas y equilibradas o por el contrario son las de algunos que no pierden la oportunidad para iniciar una campaña por la Alcaldía.

    Quienes se escudan en argumentos inocuos para criticar y contrariando los principios que deberían animar a verdaderos orientadores de la opinión pública se han encargado de multiplicar especulaciones, son los mismos que en su momento dejaron llegar la ciudad a los extremos de violencia, desorden y corrupción a los que ha llegado y que hoy, con esperanza, vemos que, por lo menos desde la Alpujarra, se quieren corregir.

    Hay muchas cosas por arreglar, eso no puede discutirse. Medellín dista mucho de ser una ciudad idílica. Pero creemos nosotros que es nuestra labor y la de toda la ciudadanía, sin duda, aportar en la construcción; esto significa obviamente, reconocer que hay cosas bien hechas, que hay buenas intenciones y que en resumidas cuentas, no todo es tan malo como los críticos y oportunistas lo hacen ver y claro, esto no nos resta ni le quita a nadie el derecho a criticar o a señalar errores o desaciertos. Esa es justamente una de las virtudes de vivir en democracia.

    ¿Qué oscuras intenciones ocultan quienes propagan a cuatro vientos prejuicios y comentarios desinformados? ¿Qué ganan con hacer circular esos chismes? Vaya uno a saber. Lo que si queda claro con este teléfono roto es que la que pierde es Medellín. Interrumpir cambios y evitar transformaciones ha sido demasiado costoso para Medellín.

    Tenemos que insistir en la imperiosa necesidad de trabajar en un programa de educación cívica al conductor y al peatón, y en la profesionalización de todos aquellos asalariados del volante, léase choferes de buses y taxis; conductores de transporte escolar y de mercancías y otros que con su comportamiento e impaciencia hacen de las calles de Medellín un verdadero caos. Esto sin que se olvide que la Secretaría de Educación debería meter su mano en las escuelas de conducción y de la mano de la Secretaría de Tránsito y de la Secretaría de Cultura Ciudadana se encarguen de la formación de los futuros choferes. De pronto así, en unos años una señal de “pare” signifique ¡deténgase!, y una señal de “prohibido parquear” no sea la invitación para estacionarse.

    El tema más recurrente en cuanto a problemas en El Poblado es, obviamente, el del tráfico y la movilidad. Esto requiere no solo la construcción de vías para los carros y vías peatonales, sino un trabajo de educación, que no solo incluya a los conductores, obligue a incluir a ese 80% de población que es usuaria del transporte público y que también es peatón. Medellín se ha acostumbrado a ser informal de mil maneras, va siendo hora de que por fin algún día podamos decir sin que sea mentira, este fue un año de veras emocionante.