La chaqueta verde menta

Por Adriana Mejía
Por Adriana Mejía / Etcétera / opinion@vivirenelpoblado.com

Qué largo camino nos falta por recorrer. Vestirse como se quiera, ¿no hace parte, acaso, de esos derechos que nos asisten a cada una?

El poderío -¿tiranía?- de las redes sociales tipifica el dicho: ¿Para dónde va Vicente? Para donde va la gente. Especialmente Twitter, que suele sacar lo peor del ser humano. Y lo amasa.

Escribir en caliente, pensar con las yemas de los dedos y acumular seguidores –reales o ficticios-, trae consecuencias que la sociedad siente y resiente. Mas los “vicentes”, inmersos en el mundo paralelo que construyen, siguen adelante con su política de tierra arrasada, mientras practican lo que el poeta Juvenal denominó panem et circenses, en épocas de la Antigua Roma.

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Pan y circo a diente libre. Sí lo sabrá María Juliana Ruiz. (No la conozco, pero la impresión que me da es la de ser una persona ajena a los reflectores. Con dos defectos que la intelligentzia patria no perdona: no hacer parte del jet set capitalino y ser la esposa de un presidente de la República que tampoco proviene de allí).

Buena coequipera con su compañero de vida, viajó a apoyarlo, que no a adornarlo, en la reciente visita oficial a Estados Unidos. Y, como igual que muchas de nosotras no es experta en moda, se dejó asesorar.

El resultado, fatal.
“Quisimos transmitir que somos una república fresca y joven”, dijo Francisco Leal, de la firma Leal Daccarett. Intento fallido, diseñador. La pinta era fea. Claro que en cuestión de gustos…

Convertir en tendencia las críticas que más allá de la chaqueta verde menta –algo anecdótico- se extendieron a la vida personal de la señora y al actual gobierno, es un reflejo de lo que somos: unos voyeristas de miedo; un pueblo patriarcal, por no decir machista; y un sembrado de antropófagas.

(Las críticas más mordaces, provenían de mujeres. Qué largo camino nos falta por recorrer. Vestirse como se quiera, ¿no hace parte, acaso, de esos derechos que nos asisten a cada una? Es esa la pregunta que se debió debatir sin timideces).

La periodista Vicky Dávila –adoratriz del Facebook live-, con la gasolina que le dan dos millones de seguidores, intentó fungir de defensora, en este trino que reproduzco con sus errores gramaticales de origen: “Creo que a la esposa del presidente no hay que medirla como a una modelo, por la pinta y no por su gestión social y su trabajo, Ahí sí hay que ser rigurosos! ¿Por qué la señora María Juliana no puede vestirse como le parezca, por que tiene que ser como Tutina? qué banalidad!!!”.

El caricaturista Matador, otro “vicente” que al parecer es mejor tener de amigo, aupado por 318 mil fans, salió al ruedo con el estoque: “Discrepo contigo @VickyDavilaH los altos mandatarios deben representar al país de forma elegante y discreta, acorde a la dignidad que están investidos y no ir vestida como tarea de manualidades de un kinder. Salvo que sea la primera dama de un país africano”. (Oh, oh, subestimó, además, a las mujeres africanas).

Entonces Vicky dejó pasar una valiosa oportunidad de ahondar en un tema cuyo trasfondo no es para nada superficial –requiere de argumentos, sí- y, tontarrona, pidió el indulto: “Te mando un beso. Estoy segura de que todas cuando nos vestimos, nos sentimos lindas”. Vergonzosa claudicación: todas-cuando-nos-vestimos-nos-sentimos-lindas, muamuá. (Con tono de hermanastra de Cenicienta se oiría perfecto).

 

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