Jardín francés

 
 
Jardín francés
 
Consecuente con el estilo de la mansión, el jardín principal, que plantea visualmente la relación entre la arquitectura y el paisaje del valle, buscó el mismo contexto francés de referencias estéticas
 
Por Carlos Arturo Fernández U.
Dentro del proceso de renovación del Museo El Castillo, apoyado por la Alcaldía de Medellín, se ha prestado una atención especial al paisajismo y a la restauración de sus jardines, en un proyecto que, de manera paradójica, une la tradición con lo contemporáneo.
En el curso de las últimas décadas el arte pareció redescubrir los valores de la naturaleza y del paisaje. Después de siglos durante los cuales predominó la idea del artificio, los artistas contemporáneos volvieron a mirar los espacios abiertos para encontrar en ellos manifestaciones de belleza y de sublimidad que, a través de procesos conceptuales, asumieron o integraron dentro de nuevas propuestas creativas.
Sin embargo, no puede olvidarse que la relación entre arte y paisaje tiene una tradición centenaria que se expresa en la historia del jardín, considerado como uno de los géneros artísticos por excelencia ya desde el mundo antiguo. De todas maneras, aunque en la Italia del Renacimiento había habido manifestaciones de altísimo valor estético en este campo, es en la Francia de Luis XIV donde, con el apoyo oficial, la creación de jardines llega a su apogeo. Se impone entonces la idea del jardín a la francesa como una creación tectónica, racionalizada, con una rigurosa estructuración geométrica que reúne senderos, fuentes y vegetación en un todo controlado. Este tipo de jardín a la francesa será atacado a partir del siglo 18 por el jardín inglés que se basa en la poesía romántica del paisaje natural, aparentemente sin intervención humana.
“El Jardín Francés” del Museo El Castillo es, sin ninguna duda, el más importante de su tipo entre nosotros. Consecuente con el estilo de la mansión, el jardín principal, que plantea visualmente la relación entre la arquitectura y el paisaje del valle, buscó el mismo contexto francés de referencias estéticas. Como expresión de un pensamiento claro y distinto, alejado de toda confusión y amante del orden y del equilibrio –características que definieron siempre la cultura y el pensamiento de Francia–, un jardín como el del Museo El Castillo se define por una estricta simetría geométrica que, como es evidente, señala el predominio de la racionalidad humana sobre todas las formas arbitrarias de la naturaleza.
“El Jardín Francés” de El Castillo fue renovado por Martha Cecilia Cardona; en el proceso se buscó recuperar el esplendor del jardín en 1950 y, aún más, exaltarlo con la adición de nuevas fuentes de bronce. Como si fuera una manifestación sensible de la verdad absoluta, el jardín a la francesa parece completo y cerrado: aquí no hay espacio para la espontánea libertad de la vegetación sino que todo está rigurosamente controlado, de lo cual se desprende también la complejidad de su restauración y mantenimiento.
Por lo demás, dentro del mismo parque ambiental en que se ha convertido El Castillo, se desarrollan otros tipos de jardines, lo que permite percibir de manera completa la nueva riqueza de esta vieja forma de arte.
Y si se piensa en que muy cerca de allí Eafit ama definirse como “Universidad parque” por sus jardines, quizá podamos percibir la riqueza conceptual, estética y visual que ofrece hoy el jardín como arte, en el marco de la cultura contemporánea.

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De no perderse. La programación y las exposiciones de “Interdependencias”, un proyecto del Museo de Antioquia, la Universidad Nacional, Comfama y el Metro de Medellín. Una invitación a leer críticamente nuestra historia. Hasta el 15 de noviembre de 2010 en la sede del Museo.