¿Y dónde está el policía?

  
   
 Desde que instaló su estudio a mediados del año pasado en la Calle 9, media cuadra abajo del Parque de El Poblado, el fotógrafo Antonio Betancur ha sido víctima de tres robos: uno dentro del estudio, cuando le sustrajeron valiosos equipos de fotografía, y dos más en su carro, en momentos en que lo tenía estacionado en la calle. La última vez, a finales de mayo, le abrieron el capó y le robaron el maf o sensor del flujo de aire, cuyo costo se acerca a los dos millones de pesos, y la bocina de la alarma, que no sonó. Se dio cuenta porque se quedó varado pocos metros después de arrancar y de pagarle, claro está, a uno de los supuestos vigilantes callejeros. 15 días antes le habían robado los espejos.
Es sólo uno de los múltiples casos y modalidades de robos de que han sido víctimas en días recientes comerciantes y habitantes de cercanías del Parque El Poblado, donde la permanencia de un CAI no ha sido impedimento para los delincuentes, a quienes no los atortola ni siquiera la sede del Comando de Policía, situada a escasas cuatro cuadras, en el barrio Manila.

Gatos humanos
“Uno ve a la policía escoltando a funcionarios y congresistas cuando vienen a sus locales preferidos, pero el resto de ciudadanos y comerciantes estamos desprotegidos”, dice Rodrigo Gómez, del Restaurante Rigoz, ubicado en la Calle 10 con la Carrera 43 C. Hace poco fue víctima de los gatos humanos, una banda que tiene azotados a locales y casas de esta zona. De noche se desplazan sobre las viejas construcciones y se descuelgan por los techos, quitando a su paso lo que les estorbe: tejas, cañabrava, láminas de techo, para luego caer sobre las vitrinas, quebrarlas, desocuparlas, robar dinero y, algo extraño, encender cantidades de fósforos y quemar arrumes de papeles, al parecer para alumbrarse y, de paso, fumarse algunas sustancias sicoactivas, según las evidencias encontradas en varios sitios. “Me rompieron el techo, se llevaron un televisor de plasma, dinero, música y licor”, dice Rodrigo mientras señala el daño que le hicieron en el cielo raso. Como varios de sus vecinos, “no quise poner denuncia porque va uno a la Policía y lo mandan para la Fiscalía y allí casi que le piden las huellas digitales de los ladrones y hasta resulta uno implicado. Yo vivo muy ocupado para estar perdiendo el tiempo”.
Suerte similar corrió Luz Marina Vargas, de Pastelísimos. “Se nos entraron un martes en la noche, hicieron un hueco pequeño en el techo y bajaron. Estuvieron esculcando, se llevaron la plata de la venta del día y muchos dulces de niños, por eso pensamos que fue un niño. Además quemaron 25 cajas de fósforos de las que nosotros vendemos”.

Ciudadanos: impotentes
Pero el campo delictivo es más amplio. También en las noches se han robado aires acondicionado en locales de Manila, así como los cables de teléfonos y contadores de agua. “Nos han dejado varias veces sin servicio telefónico y sin Internet, cuenta impotente Rodrigo Jaramillo, de Depósito El Poblado.
Otro aburrido con la inseguridad es el sastre Emilio Mejía, quien tiene su local en la Carrera 42 con la calle 9. Como a varios de sus vecinos, los robos frecuentes le están ahuyentando a la clientela. “No más el domingo pasado se robaron cuatro espejos de cuatro carros que estaban estacionados en esta cuadra. Lo que más me preocupa es que cuando la Policía los coge al poco rato salen libres, dadas las características de la ley”. Pide vigilancia y mano dura.

Soluciones concertadas
Vivir en El Poblado presentó estos casos al nuevo comandante de la Estación Poblado, teniente coronel Javier Pérez Watts, quien dijo desconocer estos hechos puntuales. Sin embargo, manifestó un especial interés en reunirse con la comunidad por intermedio del Comité Local de Gobierno, escuchar sus inquietudes y concertar con ella para tomar decisiones y estrategias de vigilancia.
Con respecto a la indigencia, informó que desde hace pocos días la Estación de Policía de El Poblado cuenta con camión para hacer recorridos especiales invitando a los habitantes de calle a abordarlo para llevarlos a los centros día que hay en el Centro de la ciudad y así liberar el espacio público en la Comuna 14.