¿Vendería la vajilla?

     
     
    Publicado en la edición 407, Febrero 14 de 2010
     
       
     
    ¿Vendería la vajilla?
     
       
     
    Si alguna idea nos divide políticamente a los colombianos, es aquella de que el fin justifica los medios. La manera como abordamos ese concepto nos encasilla en grupos cada vez más polarizados. Mientras unos defienden tesis que implican pasar por encima de males menores con tal de solucionar problemas mayores, otros creen que por nobles que sean los objetivos que se quiere alcanzar, estos no se pueden lograr de cualquier manera.
    Y la vida pública de nuestro país nos pone por delante todos los días problemas que nos obligan a mostrar de qué estamos hechos, en qué creemos y a qué estamos dispuestos para lograr nuestras metas. Sin embargo, esa manera de pensar, si se le puede llamar así, la de que el fin justifica los medios, entendida a lo paisa, que es como se aplica entre nosotros, es más una forma de hacer sin ver más allá de las narices, sin entender que mañana viviremos las consecuencias de lo que hagamos hoy, o, mejor dicho, que lo que vivimos hoy no nos cayó del cielo, sino que es el fruto que recogemos de nuestra siembra de hace unos pocos años.
    Y esa manera de actuar no es exclusiva de los políticos, pues se da en todos los niveles. Basta con mirar a todos los jefes y los mandos medios de las empresas, públicas y privadas, tan preocupados por hacer, embebidos del mito de la eficiencia y la productividad, que no se detienen un momento a respirar y pensar en qué es lo que hacen, por qué y para qué lo hacen, etcétera. No, es mejor acosar y hacer, para llenar planillas con resultados absurdos que rara vez en realidad son evaluados, pues los responsables de revisar y evaluar actúan de la misma manera. Eficiencia, productividad, dinero, sea como sea, dinero. Si no lo cree, hágale el test de la vajilla a un conocido. Pregúntele si sabiendo lo que se sabe de Medellín, de su pobreza y desigualdad económica, de la calidad de sus dirigentes, del origen del dinero con el que le van a pagar la vajilla (es plata del erario), le vendería a la ciudad una vajilla de 90 millones de pesos. El test también lo puede hacer con un plan de mercadeo diseñado para vender dulces al menudeo en los buses (¿lo haría?), o con la importación de chucherías chinas (negocios internacionales) que usan como fuerza de ventas a miles de vendedores ambulantes al que no les pagan con un empleo formal ni lo que eso implica.
    En esa respuesta está lo que nos divide; esa respuesta ayuda a entender por qué el problema de la violencia en nuestra ciudad no se soluciona definitivamente sino que viene por olas cada tantos años, esa respuesta explica, en fin, de qué estamos hechos y por qué, como sociedad, nos pasan las cosas que nos pasan… y nos volverán a pasar.